jueves, 12 de marzo de 2009

Los cinco sentidos en mi cocina

Es evidente la interacción de nuestros cinco sentidos una vez sentados en la mesa, objetivo del experimento anterior. Pero en la primera fase, el del guisoteo, o dicho más finamente el de la elaboración de las recetas, o ejecución pura y dura a pie de fogón, los cinco sentidos también son protagonistas para el cocinero.

Creo que todo comienza con la vista, pues con ella seleccionamos los productos de confianza en el mercado. Después, en casa, con el tacto hay una evaluación a primera vista de la materia prima. Más tarde, el sofrito y la cocción desprenden inevitablemente los primeros aromas, que delatan la bondad de lo que se hace y en suma el buen estado de los productos; el olfato es gran fuente de información.

La vista y el oído siguen contando la evolución del guiso, pues el aspecto de los ingredientes en el cacharro será esencial; y escuchar los sonidos de la cazuela nos puede alertar sobre tiempos o intensidad del fuego; El olfato seguirá avisándonos de que nuestra pequeña obra de arte está en su punto.

Una vez finalizado y apartado el guiso, creo que casi no es necesario probar lo elaborado, pues la propia experiencia del cocinero servirá. Eso sí, la degustación y opinión de los comensales será la recompensa al esfuerzo. (Yo siempre pregunto cómo ha salido el plato).

El duro trabajo de cocinar depende de muchos factores para alcanzar el éxito, no solo de los cinco sentidos. También son importantes el ánimo del cocinero y su estado de salud: un simple resfriado puede distorsionar el resultado de algo que prometía ser excelente. Pido un aplauso para cada cocinero/a.

7 comentarios:

Caracoles Juan dijo...

ME ENCANTA EL COMENTARIO YA QUE SE NOTA QUE VIVES LO QUE HACES Y ESO ES PRECISAMENTE LO QUE SE LLAMA
COCINAR CON AMOR
UN BESO
JUAN

Manuel Casal dijo...

Yo sólo quisiera añadir un detalle. Los sentidos en el acto de comer están para descubrir sabores, ingredientes, etc. y, sobre todo, para poder gozar. Este es uno de los grandes valores de la comida, la posibilidad de convertirse en fuente de gozo. Y para conseguir esto es menester algo que podríamos denominar ritmo. Me refiero a que no se puede ir a la mesa a largar un discurso, porque pierdes las calidades de lo que comes, ni puedes ingerir a toda velocidad lo que tienes delante, porque entonces no te enteras de nada. La prisa, el discurso y la mesa no parece que formen un buen trío estable.

Charo Barrios dijo...

Estoy totalmente de acuerdo Manuel; hay que comer con los cinco sentidos, nunca mejor dicho.

Dolo dijo...

Lo malo es que a veces no tenemos los cinco sentidos puesto en el plato que estamos comiendo. Las prisas, las preocupaciones, es estrés, las discusiones...nos dispersan y hacen que no lo saboreemos al cien por cien. Esto me da mucha pena, pero sé que pasa a menudo.

Anónimo dijo...

Yo añadiría el sexto sentido es decir el sentido común, sobre todo a la hora de elaborar el menú para que resulte equilibrado.
Dmomblona.

Candela dijo...

Oh! Que buena pinta!
charo, perdoname por tenerte tan abandonada, ya sabes que estoy de mudanza...

Gabriel dijo...

Los cinco sentidos, puestos al servicio de lo que se haga, vienen a dejar salir las emociones y el placer. En la comida, sin darnos cuenta, salen momentos mágicos de sabernos juntos, protegidos por quien nos hace sagrado comer en casa.
Besos.