El día abrió con rayos y truenos y lluvia abundante, pero una vez llegados a la venta, el reencuentro con nuestros compañeros de trabajo gastronómico todo fue soleado. Y estábamos dispuestos a degustar y sobre todo a informarnos de lo que íbamos a degustar, pues los diferentes platos pertenecían al contexto de la vida conileña, las matanzas y sus reuniones familiares y los excelentes productos de la huerta. Se trataba de la cocina de invierno, una vez que el atún –otro atractivo de la tierra- se despide hasta la próxima primavera. Hago una descripción somera de la degustación, pues para reportaje riguroso está el de mis amigos de Tubal, que lo han hecho de maravilla.
En nuestro descargo he de decir que los diferentes guisos se presentaron en platos mínimos, como si fueran tapas; de lo contrario no habríamos llegado ni al tercero. Aún así, apenas pudimos probar los exquisitos postres de Petri, como una tarta de café que tengo que preguntarle la receta. Y en descargo de la copiosa comida he de referir que a pesar del exceso, al día siguiente nuestro cuerpo no acusaba la multidegustación, entre otras cosas porque todo lo que tomamos era natural y así fue fácilmente digerido y asimilado.
En resumen, este tipo de excursiones gastronómicas son de lo más interesante se mire como se mire. En esta ocasión, supuso un acercamiento a la rica cocina conileña, elaborada con el arte de una gran Chef y puesta a pie de comensal por su marido, gran restaurador e ilustrador. Y por lo que a mí respecta, estas preparaciones de guisos tradicionales me van a aportar mucho a mi cocina diaria, no solo por su calidad sino también por el cariño que llevan en su interior. Y Petri recibió nuestro mejor aplauso.
1 comentario:
Me ha entrado un hambre impresionante leyendo tu entrada y la boca se me hizo agua... Saludos
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