martes, 19 de enero de 2010

Salgo a desayunar….


En todos los trabajos se fuma….”, se decía antes, para justificar una salida, una pausa de relajación a mitad de la jornada laboral. Hoy, prohibido el tabaco por ley en los centros laborales (de lo que me alegro especialmente, pues lo sufrí sin rechistar durante muchos años), la interrupción viene de la mano del desayuno, o del café, según el contenido que cada cual se quiera permitir.



El desayuno fuera de la empresa –admitido, aceptado o tolerado por casi todas- supone la primera toma de alimento del día para muchos trabajadores, que salen de casa en ayunas o con un café mal bebido. Este tentempié, además de las nutritivas, tiene muchas ventajas de índole social, pues permite seleccionar el o los compañeros de desayuno, aprovechar el ratito para contar confidencias personales o laborales y/o para olvidar las tensiones del puesto de trabajo, que suelen ser inevitables como la vida misma.


Soy total defensora del desayuno laboral; y eso que para mí no significa más que un café corto en taza –muy saboreado y disfrutado eso sí-, pues en casa tenemos la buena costumbre de desayunar en condiciones (frutas, lácteos, quesos, tostada con aceite, buen café y miel), pero ese ratito fuera de mi mesa y mi ordenador me repone psíquicamente.


Diariamente observo a gente de todas las edades y todos los sueldos (aunque más mileuristas que ejecutivos), desayunando de pie en la barra o sentados un café humeante y diversas opciones de tostadas o bocadillos. Mientras tanto charlan, ríen, intercambian comentarios. Hay muchas chicas vendedoras de las tiendas o comercios, por aquello de que estamos en pleno centro de Sevilla… pero los bares que dan desayunos están llenos de vida….



Hay quien toma café solo o con leche, y quien prefiere media tostadita con aceite o mantequilla, tomate triturado o bocadillos de gran formato y contenido. Hay de todo. La oferta alimenticia es excelente, doy fe. Lo cierto es que en los últimos años los bares han ido ampliando, diversificando y enriqueciendo la carta de desayuno para currantes, y tengo que reconocer que no puedo hacer ninguna crítica a sus propuestas: zumos naturales de naranja recién exprimidas, buenos aceites de oliva virgen extra, buen pan, buenos y variados patés (como el de la foto, de jamón), magníficos filetitos de carne mechada, jamón serrano ibérico o cocido e incluso queso fresco. Los desayunos en bares son auténticas obras de arte gastronómico, y una buena oportunidad para comer bien y sano.


Veinte o veinticinco minutos de vida social (más tiempo sería un abuso), en los que además de reponer fuerzas podemos hablar de mil cosas distintas, mientras el espíritu se reconforta  para volver a retomar la dura tarea diaria, eso es el desayuno laboral.


Vaya desde aquí mi homenaje a los buenos bares y cafeterías (me da igual si tienen decoración cutre, eso es lo de menos) que saben satisfacer las necesidades de mucha gente en su jornada laboral, ofreciendo desayunos ricos y variados a una afortunada población laboral por el hecho de serlo, que tiene que alimentarse con rapidez y que no ha sabido organizarse en casa. Para eso están los bares.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy contigo en que parar veinte minutos a media mañana es de lo más sano.Yo tengo un calienta agua y suelo tomar en el despacho una infusión con algo de fruta o galletas y empleo los veinte minutos para pasear con un par de amigos y amén de desconectar, hago un poco de ejercicio. Dmomblona.

eu dijo...

Yo hoy no estoy contigo, o a lo mejor es mi economía la que no se ve identificada, mi media mañana laboral consiste en un paseo, porque los 2/3 euros del desayuno al mes me suman 50/60 eurines que me vienen muy bien para otros gastos, es lo malo de estos tiempos ... una pena

Charo Barrios dijo...

Hombre, la economía manda. Pero desde luego estarás conmigo en que lo que se ofrece en los bares es bastante aceptable para desayunar...