jueves, 27 de agosto de 2009

Cursos de verano (III): proteínas

Toca hablar de las proteínas, dentro del repaso a la clasificación de las fuentes alimentarias y sus funciones en las necesidades nutricionales, tal como lo fue presentando el curso de “Menús sanos, económicos y divertidos en casa” de la Fundación IDEHS.

De consumo imprescindible en nuestra dieta por los aminoácidos, las proteínas cumplen una función plástica, es decir, que ayudan a construir y regenerar nuestros tejidos. Pueden ser de alto valor biológico (carnes, pescados, huevos y lácteos), y de bajo valor biológico (legumbres, cereales, frutos secos). Las proteínas son deficitarias en algún que otro aminoácido de los ocho esenciales para la dieta, que además el cuerpo no puede sintetizar por sí solo. De ahí que sea necesaria la complementación entre cereales y legumbres. Las proteínas deben estar presentes en un 10-15% de la ingesta total de calorías diarias. No obstante los aminoácidos no esenciales pueden ser sintetizados también por los esenciales.

Al arroz, por ejemplo, le falta la lisina (para el crecimiento y reparación de los tejidos, etc), y a la legumbre la metionina (inhibidor de grasas en el hígado). Por eso es muy normal la carencia en poblaciones donde los cereales o los tubérculos constituyen la alimentación básica. Cuando se mezclan cereales y legumbres, la dieta se hace completa. Unas lentejas con arroz o con pan, o un arroz con leche o con garrafó son todos alimentos completos.

martes, 25 de agosto de 2009

Torta de naranja

Es una receta del Taller de Gastronomía organizado en la localidad de Villanueva del Ariscal, por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento, en el año 1999. Es una receta antigua, que se elabora durante la época de navidad del pueblo.

Ingredientes: 8 claras montadas, 1/2 kg de azúcar, 8 yemas, ralladura de limón, 1/2 litro de zumo de naranja, 1/2 l. de aceite de oliva, 3/4 kg. de harina/Royal y bicarbonato (o levadura) y ajonjolí.

Elaboración: exprimir las naranjas, echar en el lebrillo; añadir el aceite de oliva, a continuación el medio kilo de azúcar y se moviendo con las manos. Después, viene la cucharadita de bicarbonato y se sigue moviendo. Enseguida, los huevos batidos.
Mientras tanto, vamos calentando el horno y por último, añadimos el kilo de harina y se sigue moviendo la masa, que debe ir quedando muy homogénea. (La tortera o recipiente debe ser para un kilo, y con una altura considerable, para que al subir el dulce no se salga)
Cuando esté lista la masa, se pone en la tortera y se le pone el ajonjolí y algo de almendras picadas, que viene muy bien.
El tiempo del horno, deben ser 3/4 de hora a fuego medio alto. Y para comprobar que está listo, con un palillo de dientes pinchar y ver si sale limpio.

Doy fe de que esta torta, más bien bizcocho está riquísima y super esponjosa.

Cunde el buen ejemplo

Tal como conté en el blog, llevé un bizcocho casero a la oficina el día de mi cumpleaños. Repartí lo mejor que pude el dulce y como además mucha gente estaba de vacaciones, hubo bizcocho hasta para compañeros de otras plantas y departamentos.

El viernes pasado se celebró otro cumpleaños, y quise contribuir con unas papas aliñás a mi estilo, además de un platito de jamón (todo sea por la causa).

El caso es que Inma, una de nuestras heroicas becarias –quien pudiera ser becaria- quiso participar en estas muestras gastronómicas laborales , y tuvo la feliz idea de aportar un dulce hecho por su madre, procedente de una vieja receta. En la localidad sevillana de Villanueva del Ariscal, hace unos diez años se organizó un taller de gastronomía, que dio lugar a la publicación de un recetario de dulces gracias a la Delegación municipal de Cultura.

El compartir postres o tapitas en el lugar de trabajo ayuda a mejorar el rollo colectivo, ya lo he dicho alguna vez. Facilita el diálogo y el entendimiento general y evita prejuicios y críticas negativas.

Torta de naranja se llama esta obra de arte felizmente conservada por estas mujeres sevillanas. Los becarios son nuestra cantera gastronómica.

Las cenas del domingo

El aire acondicionado sobre el motor es nuestra barrera de confort protectora de los calores de Sevilla, cuando se entra el domingo por la tarde en la ciudad de los mil termómetros. Pero eso no evita contemplar las calles, las aceras, los asfaltos, todos ellos solitarios, despoblados, sin vida.

La maldita soledad acampa las tardes del domingo en las grandes ciudades, y se acentúa en los meses de verano. Soledad que se observa en las avenidas, en las fuentes, en el cierre de los bares, en las plazas libres de aparcamiento, en los jardines, y que sin duda puede más que la propia temperatura. Soledad de los pocos que osan salir a pasear, tristes, desorientados, cargando con el peso de su propia incomunicación. Es mejor no salir de casa, con la excusa de que llegas de la playa, de que tienes que descansar para el lunes, de que has comido fuera o vas de visita. Pero todos huimos de la soledad los domingos por la tarde, incluso los indigentes, y gente sola, hayla.
A los recién llegados a la tierra de promisión, la ciudad se les cae implacablemente encima, fría soledad con 40 grados con cielo que ni los reconoce, ni les quiere, ni les escucha. Extraños en la tarde del domingo. Cuesta trabajo y años, tal vez muchos, poder pertenecer a un grupo, a un lenguaje común, a un único horario y a una misma agenda y tal vez nunca llegue ese momento. Mientras tanto, uno va haciendo el ridículo consigo mismo.

Al llegar la noche, noche temprana y cena temprana, tal vez una tortilla de patatas calentita sobre la mesa redima el egoísmo de la ciudad, de la propia sociedad, que de este modo justificará sus culpas, su olvido, su indiferencia. Y el lunes, las lentejas traerán la supuesta normalidad a la alimentación cotidiana, cuando realmente es todo un privilegio.

El trabajo y el horario laboral esconden la soledad individual, por eso el domingo deja al descubierto la tristeza del corazón, última verdad a veces inconfesable. Quien se haya sentido alguna vez así de solo y ahora sea feliz, que nunca olvide a los que están. Quien haya pasado hambre y hoy coma a diario, que no olvide a los hambrientos actuales. Hay cosas que nunca se olvidan, es más, se mastican pero cuesta trabajo tragarlas. Malditas tardes de domingo….

domingo, 23 de agosto de 2009

Mercadillo andalusí, carnaval y poesía sumergida

Juntos en un caluroso agosto gaditano al servicio del turismo. El discreto encanto del mercadillo andalusí, instalado en el sitio adecuado, el barrio de El Pópulo. Y en San Juan de Dios, los sonidos de pulso y púa con voces elevadas sobre las bateas, como en febrero, que siguen contagiando la gripe de tanguillos sentimentales. Y allí estuvimos.

Buenos quesos artesanos, mieles, objetos de barro, marroquinería, hierbas que lo curan todo, perfumes hechos en la provincia, y una bella danza del vientre para ambientar. En total unos cuarenta puestecillos, incluyendo el de las “tortillitas de Mojamé”, servidas en una servilleta.

Tuvimos suerte de encontrar un barril-mesa en el bar Terraza, junto a la Catedral nueva: papas aliñás, pimentada, croquetas caseras, y un servicio de camareros digno…. la felicidad justa.


Salimos al encuentro del carrusel de coros –este año intervienen once-, empezando por los juveniles, pero a medida que nos acercamos al último de la cabalgata, la gente está más entregada –los de aquí y los de fuera-. Voy buscando el primer premio 2009, el coro “Cuando yo me pele”, bajo el tipo de la comparsa que sacó Enrique Villegas en los sesenta como “los Beatles de Cádiz”, pero esto es un coro, y lleva más gente. Este año no vi a su director y autor musical, Julio Pardo, y en su lugar, distinguí entre las voces, a su magnífico letrista: Antonio Rivas, abogado de profesión, y poeta de vocación.

Mi tía Adela que iba con nosotros, le había entregado días atrás unas cuartetas a Antonio Rivas escritas por ella, donde lo llamaba Antonio Rimas; el letrista agradecido, le contestó también de puño y verso:
...................
"Y si me escuchas un tango/ nada tengo que decir/ piensa que está dedicado/Solamente para tí.

Cursos de Verano (II)

La teoría del curso “Menús sanos, económicos y divertidos en casa” de la Fundación IDEHS fue pasando revista a las funciones de las fuentes alimentarias y su contribución a las necesidades nutricionales del individuo. Habíamos visto en la entrega anterior el caso de los hidratos de carbono. Ahora tocan los lípidos o grasas.

Tienen una importante función energética a largo plazo los lípidos o grasas, y su aporte debería ser un 30-35% de la ingesta calórica total diaria. Se clasifican en Saturadas (grasas animales, embutidos, vísceras, mantequilla), aceite de coco y palma), Monoinsaturadas (aceite de oliva y frutos secos) y poliinsaturadas (Pescado azul, aceite de semillas y frutos secos). Los tres grupos aportan las mismas calorías, -por cierto más que los hidratos de carbono- aunque se debe dar preferencia a las dos últimas, siempre sin abusar.

Aquí surge inevitablemente la cuestión industria versus nutrición, en el caso de las grasas
hidrogenadas, ya que se les inyecta un proceso químico y las hacen saturadas, pasando de ser saludables a no saludables, buscando su estabilidad, como en el caso de la margarina. Sin embargo, en el aceite quedan muchas sustancias que no se llegan a refinar y por eso sigue siendo la mejor fuente de grasas.

jueves, 20 de agosto de 2009

La tierra tiene un precio

A principios de este mes de agosto, en prensa y televisión apareció la noticia de que la UPA (Unión de Pequeños Agricultores) repartió gratis en Madrid frutas, hortalizas y patatas para protestar por los bajos precios pagados al agricultor. Fueron 12.000 kilos de productos de temporada los distribuidos, con el fin de denunciar ante la opinión pública el hundimiento de los precios que perciben los productores y los desmesurados márgenes comerciales que se dan hasta que llega al consumidor.

En este acto reivindicativo, el secretario general de UPA, Lorenzo Ramos, exigió la aprobación de una ley “clara” que regule las condiciones de entrega, las normas de calidad así como el precio a percibir por los agricultores, con un mínimo para cubrir los costes de producción, como ya ocurre con los productos lácteos, y que se pretende llevar a otros segmentos de mercado como el del aceite de oliva, el vino, los cereales y la carne de cerdo.

Ampliando un poco esta información, he aprendido el significado de un índice: IPOD (Índice de Precios en origen y Destino de Alimentos), cuyo coeficiente es un claro indicador de la relación precio compra en campo/precio venta en mercado.

Los agricultores llevan toda la razón. Habría que regular de algún modo la agricultura para que las tres partes -trabajadores agropecuarios, compradores y distribuidores- sean remuneradas con criterios de justicia en coste, precio y beneficio, evitando los desequilibrios actuales, en los que determinados productos multiplican escandalosamente el precio de la tierra a la mesa. Además, están en peligro numerosos puestos de trabajo, caso de tener que clausurar explotaciones que ni siquiera cubren costes.

Como consumidora y defensora de los productos del campo, y sobre todo admiradora del impagable trabajo en la tierra, me indignan estos abusos cometidos por las grandes distribuidoras contra la parte más débil del circuito, el que produce con sus propias manos junto con la naturaleza, aportando aporta calidad y salud a nuestra dieta, ambas cosas en peligro actualmente. Parece que vivimos de espaldas al campo.

Además de la legislación apropiada por parte del gobierno, garante de los derechos del ciudadano, las distribuidoras deberían cambiar sus códigos de conducta y por tanto su responsabilidad social, en un sector tan básico. ¿Dónde hay que firmar?

Más información:
El acto de entrega de frutas y hortalizas se enmarca dentro de la campaña “Precios Justos para Nuestros Productos”, puesta en marcha por UPA en mayo de 2008 con el objetivo de denunciar las prácticas en la conformación de precios de estos productos.
http://www.preciosjustos.es/
Junto al reparto gratuito de patatas, frutas y hortalizas de temporada, UPA ha continuado su campaña de recogida de firmas, que tiene como objetivo final aglutinar medio millón de firmas con las que presentar una iniciativa legislativa popular en las Cortes que inste a los grupos parlamentarios a aprobar una Ley de Márgenes Comerciales y la implantación de Códigos de buenas prácticas, herramientas legales que solucionen un problema que afecta a agricultores, ganaderos y consumidores por igual, ya que mientras los primeros ven como los precios a los que se les pagan sus producciones no cubren en muchos casos los costes de producción, los segundos tienen que pagar cada vez más caros los alimentos que consumen.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Visitas de comé por San Fernando

Fue como un tapeo interactivo con la naturaleza y la historia, dos cosas que se llevan divinamente, porque el comer y degustar no pasa nunca de moda. La empresa Compuertas Parque Natural prestó la logística (barco, autobús, clubs náuticos, restaurante, guías enrollados…) y La Alacena, Cosas de Comé, aportó los mejores alimentos del lugar, algunos desconocidos. El sábado 15 de agosto puso en San Fernando el fuerte calor, pero no pudo con la sólida moral de la tropa de los Monforte Boys.

Al no tener explorada la Carretera de la Carraca, nos sorprendió descubrir el Club Náutico Puente de Hierro, en cuyo restaurante del mismo nombre desayunamos –con buen humor y sanos cotilleos- el café con leche, la tostá con pan integral de telera (1) de la panadería Los Molinos de Paterna, con el aceite de oliva virgen extra ecológico de la Cooperativa Virgen (también) del Rosario de Algodonales, y para remate, la pringá para untar de los Hermanos Moreno de El Puerto de Santa María. La humanidad entera debe conocer estas cosas. A lo lejos, el punto más alto de la provincia gaditana: el macizo de Grazalema, con 1.632 metros, y nosotros, bajo el nivel del mar, como el capitán Nemo.

Tras cargar las pilas, comienza el recorrido en autobús por el entorno natural de San Fernando, donde a través de su ronda Oeste pudimos contemplar desde el vehículo y con cara de guiris los principales puntos naturales, históricos y culturales de la ciudad. Visitamos una piscifactoría en la antigua salina La Leocadia, donde nos explicaron el proceso de cría y engorde del pescado, para ir a continuación a la salina El Estanquillo, productora natural de sal, en la que con gorrilla blanca y canasto tradicional nos ofrecieron los camarones del lugar, y el rebujito fresco de manzanilla y vino dulce. Por cierto, los niños quedaron encantados con estos bichitos. Y el ecosistema sin perdernos de vista, por si acaso.

Continuó el circuito gastronómico-cultural (con la gente más contenta que antes, la verdad), embarcando desde el muelle de Gallineras, en el barco turístico para navegar por el Caño de Sancti Petri, que aporta agua todo el año; rodeamos el castillo, pero Hércules estaba de obras y no nos hizo ningún caso, así que pasamos a una degustación romántica de patatas fritas –de las de antes- de la churrería de Antonio… Por el Caño, algún francés quedaba en las ruinas del fuerte de Urrutia, bañistas en playas vírgenes, piraguas y barquitos de amables gentes saludándonos, y vainas (3) chuleando en las motos acuáticas... Y como siempre seguían estando allí sol y levante.

Hora de comer, calor, mucho calor, mi blog por una cerveza fresquita. Parada del autobús de dos pisos, con atasco en la calle, pero nadie protesta, buena gente la de San Fernando….Y allí, en el Restaurante torero La Marisma, comienza el menú de degustación totalmente cañailla, a base de pescados y mariscos de los esteros y costas que rodean la ciudad.

Papas aliñás con melva (aove, perejil, cebolletas, sal y vinagre de Jerez), camarones del porreo fritos (algo mayores que los habituales), ostiones fritos, cañaíllas verdes cocidas (procedentes del castillo de Sancti Petri), almejas del ojo al vapor, cazón en amarillo, mienmesabe (cazón frito)y surtido de pescado frito. El pan: picos de Yeyo, panificadora San Fernando y pan de “cundi”(2) de la panificadora La Carrera, perfecto para mojar salsas. Las bebidas: cerveza, refresco, agua y dos vinos blancos de la denominación “Tierra de Cádiz”, bodega Paez Morilla de Jerez, El Tierra Blanca seco, y el Tierra Banca semidulce.

Los postres merecen punto y aparte: con la pastelería Selva Dulce, recién instalada en San Fernando y antes en Chiclana, y que ya conocíamos desde las jornadas celebradas en noviembre del año pasado en el barrio gaditano de Santa María. El maestro pastelero Thomas Grzib, natural de Hamburgo (Alemania), es el alma del establecimiento. Su apuesta: una tarta de frutas frescas con base de crema pastelera. Finalizamos con una degustación de tres tipos de tartas de Selva Dulce: tartaletas de fruta fresca, suave mousse de limón y –la estrella de la casa- la “bomba de chocolate”, todo ello maridado con el Pedro Ximénez Viña El Alamo de las bodegas Pedro Romero de Sanlúcar, muy arraigadas en San Fernando. Mucha suerte al maestro Thomas, se la merece.

Pero no acaba aquí lo bueno de la visita: es que además ni nos enteramos de que íbamos con niños pequeños, al ser atendidos por una experta monitora en infancia pelma, con diversos talleres y manualidades. Y además, gracias a Compuertas y Cosas de Comé, hemos comprobado que San Fernando es realmente una isla.
(Dedicado al bloguero cañailla Manuel Casal).
Diccionario del habla de Cádiz: (1) telera: hogaza de pan ancho y contundente, de pueblo. (2) Cundi: pan blanco tipo bollo con picos pronunciados en los extremos. (3) Vaina: dícese del pamplinoso, tonto. (4) Cañaílla: natural de San Fernando en lenguaje coloquial.

lunes, 17 de agosto de 2009

Un bizcocho por mi cumpleaños

Ya sé que el mérito es de la thermomix, pero la cocinera también pone algo de su parte: tiempo, preparación y luego la recogida de los chismes y la limpieza de la encimera, que tiene lo suyo con este calor. Pero hoy, 18 de agosto, es mi cumpleaños y me toca hacer algo extra para el desayuno y la merienda.
He aquí un bizcocho muy normalito, que lleva lo siguiente:

250 g de harina, 250 g de azúcar, 3 huevos, 1 vaso de aceite, un chorro de vino dulce, 1 vaso de leche, un sobre de levadura, ralladura de limón, medio paquete de pasas y una bolsita de piñones.

He molido los piñones en la batidora, a continuación los huevos con el azúcar; añadí la levadura y la harina y mezclé; luego el aceite, la leche y mezclé otra vez; a continuación el chorro de vino dulce, la ralladura, las pasas, y pasé al molde.

Lo he tenido a fuego medio en el horno durante casi 60 minutos. Está riquísimo y muy jugoso. Podéis tomar un trocito. Un bizcocho casero siempre es una muestra de buena voluntad, de buen rollo. Allí donde lo he llevado, ha caído bien.

El día de la explosión

Según mi madre, yo nací justamente a los nueve meses según sus cuentas, para ella el 18 de agosto, tal día como hoy. Pero junto a la felicitación, y el regalo que me llegaba tres meses antes, en casa siempre recordaban –sobre todo mi padre- que era el aniversario de la terrible explosión ocurrida en Cádiz en 1947. Entonces, mis padres aún tardarían años en conocerse.

Eran casi las 10 de la noche. En el Cortijo Los Rosales, sala de fiestas veraniega, carteles anunciando dos cantantes punteros: Bonet de San Pedro y Antonio Machín. En el cine Gades, una de las cinco salas que había entonces en Cádiz, se exhibía la película “Luna Nueva”. Después de aquella fecha, los cines gaditanos cerraron una semana, y cuando reabrieron sus puertas, la recaudación de la taquilla fue a parar a los muchos damnificados de aquella catástrofe.

Primero fue la oscuridad, e inmediatamente se oyó una fortísima detonación, seguida de una columna de fuego, visible junto a los astilleros, detrás del barrio de Bahía Blanca. En el Cádiz intramuros, los cristales cubrían pulverizados las calles cual capa de nieve. Allí las murallas pararon la terrible onda expansiva. Pero Puerta Tierra, sobre todo el barrio de San Severiano, quedó arrasado: ciento cincuenta muertos y cinco mil heridos, varios edificios públicos destruidos, cientos de casas reducidas a escombros, entre ellas las instalaciones de los astilleros de Echevarrieta. Fue una noche trágica para Cádiz: sin luz, agua, teléfono, radio, y por supuesto sin sangre para los heridos.

Tras la primera explosión y el consiguiente incendio, se corrió la voz de la inminencia de una segunda deflagración. El capitán de Corbeta Pascual Pery Junquera, de descanso, no dudó en uniformarse y acudir a la zona del incendio, comprobando el origen del mismo, el almacén número 1 de las minas de defensa submarinas. Sofocando las llamas con escombros, impidió –junto con un grupo de ocho valientes marineros- una catástrofe peor caso de explotar las minas existentes en el almacén número 2. Las minas almacenadas procedían de Rusia, Italia, Alemania y España, algunas de la guerra civil. Estaban en situación de exudado, es decir eran peligrosas.

Han pasado 62 años de aquella noche triste; en la casa de mis abuelos, donde yo nací, junto a la catedral, me cuentan que se desprendió una viga soporte del pasillo que daba al patio, provocando la caída del techo. También recuerdo haber conocido a un compañero de trabajo –José María, delineante- que decía haber permanecido tres días bajo los escombros de la Casa Cuna, y en la que murieron 37 niños de los 199 que estaban acogidos. Y los padres de mi marido, desde Huelva, vieron perfectamente el resplandor.
En 1947 las familias gaditanas dedicaban el 54% de sus ingresos a la alimentación. Dado el nivel de pobreza existente, funcionaban comedores de auxilio social, controlados por la Falange. La explosión dejó a varias decenas de familias sin vivienda. Las empresas que daban trabajo a la ciudad eran Construcciones Aeronáuticas, la factoría de Matagorda, la Fábrica de Tabacos, y los astilleros de Echevarrieta, que tras su destrucción por la catástrofe, dejó en el paro a unas 2.000 personas.

Nunca se dio una explicación oficial de las causas de aquel desgraciado accidente, cuyo peligro había sido advertido por alguna autoridad militar sensata. Dos libros: Cádiz, 1947. La explosión, de José Antonio Hidalgo Viaña, editada en 1997 por Federico Joly y Cía; y La noche trágica de Cádiz, 2009, José Antonio Aparicio Florido, Servicio de Publicaciones de la Diputación. Ambos ofrecen una investigación seria y rigurosa de lo que rodeó aquella tragedia que ahora tristemente conmemoramos, a través de documentos y de entrevistas a algunos supervivientes. Recomiendo ambas obras por su interés, tras haber permanecido en secreto las declaraciones de altos mandos militares.

domingo, 16 de agosto de 2009

Cotilleos de cocina

En estos días me han contado tres cosas relacionadas con la cocina de base, que aunque aún no he comprobado, las escribo por si a alguien le sirven:

PRIMERO: Que el remate para cocer bien el marisco es añadir laurel al agua de la cocción…

SEGUNDO: Que los macarrones –u otra pasta- ya cocidos se conservan dos o tres días más en la nevera, cubriéndolos de agua y añadiéndoles un chorro de aceite…

TERCERO: Que igualmente los macarrones se cuecen mejor con media cebolla en el agua de la cocción.

Si alguien ha experimentado estas hipótesis trascendentales que lo diga por favor.

Y lo que sí estoy comprobando este verano es que los tomates –concretamente los de la variedad rama- vienen cada vez de peor calidad. Cada vez que me pongo a freir tomate tengo que extraer del perol uno o dos vasos de agua para dejar la salsa más o menos presentable. Y en el gazpacho, parece que he añadido agua, por lo líquido que resulta. Por cierto, la semana pasada los tomates procedían de Holanda, eso dijo el frutero. Yo flipo…. ¿Ante quién debería protestar por la mala calidad tomatera?