domingo, 19 de julio de 2009

Funda de sombrilla gaditana

Se supone que estamos en un blog de cocina, pero esta entrada va de costura y arreglos. Con un pantalón vaquero desahuciado por viejo hemos hecho esta funda de sombrilla gaditana. Y es que el año pasado la vimos en la playa de Cádiz y nos gustó mucho la idea.

Es tan fácil como cortar el viejo pantalón por la mitad, es decir, separar ambas piernas y coser los bordes, aunque en esta ocasión le hemos añadido un trozo de tela para darle mayor longitud, además de confeccionar un asa para colgar.

El caso es que nos ha quedado tan bien que en esta funda caben dos sombrillas, junto con el tornillo que sirve para fijar el palo en la arena y que afianza la instalación. Al fin y al cabo, por aquí estamos acostumbrados a levantes y ponientes un día sí y otro no.
La tela vaquera es sufrida y resistente, condiciones necesarias para dar protección a estos parasoles no solo durante su transporte (más o menos corto a la playa) sino también en su almacenaje durante el resto de temporada. Espero que a alguien más le sirva esta idea, y no tire sus viejos pantalones vaqueros.

viernes, 17 de julio de 2009

Sopa de melón con taquitos de jamón y aceite de hierbabuena

Este blog está elevando decididamente su nivel. Prueba de ello es el plato que acabamos de hacer y con el que hemos triunfado con nosotros mismos, a pesar de lo fácil que resulta su elaboración. Está prácticamente copiado de la excelente webblog Directo al Paladar, hay que confesarlo. Y además, nos habían regalado un magnífico melón de un par de kilos en Punta Umbría, en el bar Casa Antonio, por aquello de nuestra fidelidad como clientes. Y sobre todo, este plato es un buen argumento para comer en casa. Ahí va:

Ingredientes: un melón, 100 cl de nata líquida, 50 g de jamón ibérico de calidad y muy picado. 50 cl de aceite de oliva y varias matas de hierbabuena.

Elaboración: troceamos el melón y eliminamos pepitas e hilos. Trituramos en batidora con una pizca de sal, añadimos la nata y reservamos, dejándolo enfriar en la nevera. Aparte, emulsionamos el aceite con dos ramitas de hierbabuena. Servimos luego la sopa de melón, muy fría, añadiéndole un chorrito de este aceite aromático, que quedará flotando, así como los mini taquitos de jamón.

Es un postre, pero bien puede ser un entrante. Gracias a Paco, encargado de Casa Antonio, buscamos esta receta. Nos encantó.

Tolerancia gastronómica

Nunca fui fumadora, a pesar de que en otros tiempos este vicio estuvo muy de moda. Pero es que mis padres nunca me lo prohibieron expresamente cuando vivía con ellos, es decir, demostraron indiferencia, dejándome libertad para decidir si debía fumar o no.

Buscando correspondencia para poder enrollarme en las cosas del comer, ya he encontrado un argumento. Y es el siguiente: no es bueno estigmatizar aquellos productos alimenticios más o menos contrarios a una dieta saludable, pero tampoco deben convertirse en objeto de alabanza gratuita. Por eso creo que esos alimentos deberíamos consumirlos como excepción y no por costumbre: platos precocinados, comida rápida, pastelería industrial….etc o el mismo alcohol.

Actualmente, con un poco de interés, es fácil obtener información de lo que comemos, y de lo que es bueno, regular o malo del todo. Pero a los de este último grupo, -sin ser totalmente inocentes- no se les debería atribuir todos los males de la salud humana. Al fin y al cabo, la mayoría somos libres y mayorcitos para saber cómo debemos alimentarnos. La salud es competencia nuestra, al menos en teoría.

Más de una vez me han servido algún alimento de mala calidad o con ingredientes nocivos. Sin embargo, la educación y el respeto por quien me lo ofreció me hizo consumirlo con agrado. El domingo sin ir más lejos, en un chiringuito playero una ración de frito variado bastante chamuscado (no el de la foto), me molestó a la vista. Sin embargo, estaba pasable de sabor y junto a la cerveza y la conversación tenían su punto en aquel momento.

Conocer cuales son los productos o elaboraciones poco saludables son prueba de una mentalidad gastronómica abierta. No podemos alimentarnos entre algodones, en la vida hay de todo y hay que saber llevarla.

Y confieso que nunca fumé porque jamás conseguí aprender a hacerlo, ésa es la verdad, por mucho que presuma de vida sana; pero si no fumáis, mejor.

miércoles, 15 de julio de 2009

Ensaladilla de judías verdes

A este plato, le he puesto ensaladilla conileña, pues lleva patatas ecológicas y habichuelas pías de Conil. Pero la receta es de mi pescadero Paco Pepe.

Ingredientes: patatas nuevas, rojas o de las llamadas de riñón, un puñado de habichuelas verdes , una zanahoria grande. Un diente de ajo morado, una pizca de comino, tres o cuatro cebolletas frescas o una cebolla grande. Sal, vinagre y un buen aceite de oliva.

Ponemos en un bol las patatas, las habichuelas y la zanahorias cocidas y troceadas como para aliñar (no muy pequeñas). Troceamos también la cebolla o las cebolletas. Regamos todo con un chorro de aceite y un poco de vinagre (el de manzana le va de lujo), y sal. Reservamos.

Aparte, en un vaso de batidora ponemos el diente de ajo, la pizca de cominos, la sal y un huevo, empezamos a batir, añadiendo el aceite poco a poco hasta que emulsione y luego añadimos el chorrito de vinagre.

A la ensalada de antes le añadimos dos o tres cucharadas de esta magnífica mayonesa casera y mezclamos bien. La mayonesa, en contacto con el aceite y vinagre de la ensalada queda como cortada, pero está riquísima, pues no confunde los sabores. Queda mejor ponerle la mayonesa a la hora de servir la ensalada.

Hoy la tenemos para comer. Aún no la he sometido al jurado familiar. Ya os contaré.

PD. Una vez probada esta ensaladilla en familia, puedo afirmar y afirmo que la mezcla de ambos aliños (vinagreta y salsa mayonesa) van divinamente. Se trata de un plato fresquito y ligero, lo recomiendo. La mayonesa la añadí en el momento de servir.

Los niños aprenden en el campamento

Naturaleza, aire puro, árboles, niños entretenidos, sin discutir, todo bajo control. Los móviles y la Play tienen su horario. Y los padres en casa seguramente más relajados. Aquí todas las fotos salen bien, porque ni los perros hacen ruido, ni hay moteros maleducados ni catetos en coches-discoteca. Los campamentos de verano son la mejor opción para enseñar a los niños a descubrir un mundo bueno fuera de casa, incluso en la mesa.

En la sierra de Huelva, junto a la pequeña localidad de Cumbres Mayores, casi tocando Badajoz, se ubica el campamento Las Cabañas de Cumbres, finca campestre que organiza desde hace años turnos de estancia para escolares en el mes de julio (a través de la Fundación Cajasol), y el resto del año se ofrece tanto a alumnos como a familias en turismo rural. Unas quince cabañas, utilizadas tiempo atrás por los pastores, han sido primorosamente rehabilitadas para alojamiento. Su disposición en semicírculo las hace fácilmente controlables por los monitores. Un abrazo a Camino, la coordinadora.

Alejandra, que ha sido cocinera después de madre, por su trabajo al frente de los menús en Las Cabañas, se sabe todos los trucos habidos y por haber para que los niños y niñas de cada turno coman de todo y no dejen nada en el plato, para desgracia de los pobres cerditos que esperan las sobras de los platos.

En la cocina de este campamento, junto a dos ayudantes, se preparan los platos más variados: para desayunar, leche con colacao y tostada de pan de pueblo de verdad con aceite. (El pan, del horno de leña de la pedanía de Los Hinojales). El almuerzo puede consistir en puchero con verduras y hamburguesas con patatas, macarrones con tomate y un filete de lomo con ensalada, o potaje de garbanzos, o albóndigas con ensalada, o bien las socorridas lentejas con arroz y una chuleta. La merienda no se olvida: bocata auténtico con salchichón o mortadela y la cena lleva pescado y puré de verdura. Vamos, que dan ganas de quedarse allí.


La entrevista con la Chef de campamento lo dice todo: aunque el turno actual no tiene problemas para comer (pobres cerditos), es cierto que en otros los niños han extrañado algunos platos más que a sus padres. De hecho, algunos nunca han comido lentejas, ni han visto de cerca un puré de verduras, ni han probado los gazpachos, ni conocen el sabor de los garbanzos. ¡Madre mía! Nuestros hijos son auténticos analfabetos gastronómicos, además de estar poniendo en peligro su salud. Las posibles intolerancias alimentarias también están bajo control en la cocina del campamento, pues todo se tiene previsto.

Enhorabuena a profesionales como Alejandra por el esfuerzo realizado para hacer comer y enseñarles a algunos niños la diversidad de alimentos de los que afortunadamente podemos disfrutar. Es cierto que hay niños que no desayunan antes de ir al colegio, padres que solo les ofrecen lo que les gusta o que incluyen platos precocinados en su dieta. En resumen, no están educando a sus hijos en la alimentación, y la obesidad empieza a ser auténtica epidemia en la edad infantil.

Hace ya muchos años que mi hijo estuvo precisamente en ese campamento, donde según me contaron, se comía lo suyo y lo del compañero de mesa. Allí también escuchó, en una visita al pueblo, Cumbres Mayores, a un anciano de 102 años contar viejas historias y arrancarse por fandangos. Es que Huelva es mucha Huelva.






lunes, 13 de julio de 2009

De chinos y pasapurés

Creo que estos dos simpáticos cacharritos son los más representativos de la actividad que tiene una cocina: son prueba de que allí por ejemplo se elabora tomate frito o buenos gazpachos, entre otras cosas, pues informan de las operaciones intermedias de cualquier receta. El pasapurés lo conozco desde siempre en nuestra cocina, y de hecho lo heredé de mi madre. El chino lo incorporé ya al independizarme, y lo cierto es que durante el verano no para de trabajar el pobre. Pero las fotos siguen un riguroso orden de antigüedad.

Cuando aún no se conocían batidora, minipimer ni por supuesto los supermodernos robots de hoy, unas manos sacrificadas y dispuestas dirigían el pasapurés para moler con dedicación y esmero las papillas y guisotes de los niños pequeños y de los ancianos, pues ambas generaciones convivían entonces en los hogares. (La mujer no solía trabajar en aquel tiempo fuera de casa, claro). Mi pasapurés de hoy, incorpora tres distintos tamaños de colador en la rejilla, para conseguir mayor o menor espesor.
En cuanto al chino, que viene acompañado de una maza de madera para presionar sobre el alimento, se presenta con diferentes numeraciones. El mío tiene el 18, adecuado para hogares intermedios de hoy, y he de confesar que solo lo utilizo para filtrar mis frecuentes gazpachos veraniegos, incluso después de ser molidos por mi Termomix, que no llega a trabajar en cosas tan insignificantes, y menos sin un enchufe. Considero este embudo más propio de los profesionales de la cocina, sin embargo, ahí lo tengo.

Pasapurés y chinos en la cocina, dos modos de filtrar pieles de ajos, cebollas, tomates y pimientos pochados, de conseguir mezclas homogéneas en purés de patatas, y de desdeñar pellejitos desagradables de los tomates gazpacheros. Ambos cumplen una importante función en la cocina, pues adaptan lo que ya hemos elaborado, a la medida de nuestro querido destinatario el comensal, por facilitarle la digestión y con ello la salud, ganando en presentación y eliminando restos de pieles indigestas y poco convenientes.

Y aquí va mi comentario romántico: pues estos humildes cacharros me sugieren la idea de la empatía, que no es ni más ni menos que ponerse siempre en el lugar del otro, y para ello trabajan ambos coladores; bonita misión, aunque sacrificada, que muchos deberíamos aprender a lo largo de nuestra vida. La comida -como otros muchos aspectos- se adapta a las necesidades de los demás una vez filtrada, convirtiéndose en cosa bien acabada, con el mejor servicio y la mayor eficacia. La cocina sin pasapurés o chinos llevaría el mínimo esfuerzo, lo justo para sobrevivir. Con estos filtros cocineros, se busca la excelencia, concepto exigente y avanzado en nuestros propios ideales, y sin ellos sin duda faltaría sensibilidad.

Son las tonterías que escribo y que yo misma me creo: la cocina enseña muchas cosas, o al menos hace pensar. ¿O no?

jueves, 9 de julio de 2009

Garbanzos con langostinos

Receta del boletín cosas de comé , que hemos probado en casa y que recomendamos.

Ingredientes: 1/2 kg. De garbanzos remojados la noche anterior. 1 kg. De langostinos crudos. 1 cebolla grande 1 pimiento verde. 1 tomate maduro. 1 trozo de calabaza. 1 patata mediana. 1 cabeza de ajos. Perejil, pimentón, aceite de oliva virgen extra. Sal. Medio kilo de culata de jamón bueno. 1 longaniza de chiclana.

La noche anterior ponemos los garbanzos en remojo en agua templada con sal. Por la mañana comenzamos a hacer el guiso. Lo primero será pelar los langostinos. Guardamos las colas y las cabezas y los caparazones de los langostinos los cocemos en dos litros de agua. El caldo resultante lo colamos y lo ponemos ya en la olla para hacer el potaje.
Primero incorporamos el aceite de oliva junto al ajo con las verduras (el pimiento entero despepitado, la cebolla pelada entera, el trozo de calabaza entero, sin piel ni pepitas, la patata entera pelada y el tomate pelado). Cuando ya el agua esté hirviendo incorporamos los garbanzos remojaos. Bajamos el fuego y lo dejamos a fuego lento. Cuando haya pasado una hora sacamos el tomate, el pimiento, la calabaza, la patata, la cabeza de ajos y la cebolla.

Trituramos toda la verdura en la batidora, excepto la cabeza de ajos y la incorporamos de nuevo al guiso. En ese momento salamos e incorporamos la longaniza de Chiclana y la culata de jamón finamente picados, además del pimentón. Cuando los garbanzos estén ya tiernos y queden 5 minutos para servir se incorporan al guiso los langostinos que deben hacerse poco para que queden jugosos. Se sirve caliente. (En la venta El Caballo Negro se acompaña de teleras de pan moreno de la panadería El Cohollero de Puerto Real).

Buenas noticias laborales: solidaridad e inclusión.

Sólo dos euros.- Todos sabemos los momentos difíciles que atraviesan numerosas familias con motivo de la crisis; las entidades sociales que atienden estos graves problemas –Banco de Alimentos, Cáritas, etc.- están desbordadas ante las fuertes demandas que reciben. Los voluntarios/as de la Caja de Ahorros Cajasol –personal activo o pasivo de la entidad- , que por su labor solidaria conocen de manera directa esta grave situación, propusieron una iniciativa interna dirigida a toda la plantilla de la Caja, consistente en la donación mensual y durante 12 meses de DOS EUROS (mínimo) de sus nóminas. “Con 2 euros al mes durante un año puede comer una familia un plato de legumbres, de pasta o de arroz a la semana; alimentos básicos para la dieta humana”. Ése es su mensaje, con un poco de todos conseguimos mucho.

Los fondos recaudados irán destinados a los Bancos de Alimentos de las provincias donde Cajasol está implantada. La cantidad media recaudada mensualmente a través de este sistema es de 6.000 euros, que recibirá Banco de Alimentos de Sevilla, continuando con las delegaciones de Cádiz, Huelva, Málaga, Córdoba, etc., y así durante doce meses. Sería estupendo que otras empresas y entidades se contagiaran de esta iniciativa, tan simple pero tan útil.

Trabajar bien con discapacidad.- Como ya anuncié en Comeencasa, el pasado 27 de junio tuvo lugar en AFANAS (Asociación de Ayuda a Minusválidos Psíquicos de Cádiz y su provincia), su tradicional Festival Benéfico, organizado con el fin de recaudar fondos para sus actividades.

Allí estuvimos, logrando acceder al patio-auditorio del centro con cierta dificultad, ante un cartel de casi completo. Nos tomamos la cervecita en una barra instalada al efecto, disfrutamos de las agrupaciones de carnaval, entre ellos la chirigota del “Yuyu”, “air con el carair …”, y, -lo mejor de todo- adquirí este mosaico procedente de los talleres de Afanas, al precio de 15 euros.

El Taller de Mosaicos de AFANAS está compuesto por un total de 15 usuarios/as de entre 22 y 40 años (aproximadamente).Cada uno de ellos trabaja en función de sus capacidades: hay algunos chavales que manejan la máquina de cortar piezas de azulejos, otros se encargan de cortar los azulejos en trocitos más pequeños con las tenazas, y ya el resto se dedica a pegar dichos pedazos para confeccionar el mosaico. Este es el proceso de fabricación que llevaría este mosaico:

1. Se coge un trozo de madera (
casi siempre aglomerado) y se calca en ella el dibujo que se vaya a hacer.

2. Dicho dibujo (en este caso el letrero de AFANAS) se va rellenando con trocitos de azulejos de distintos colores (según el modelo), pegándolos encima del dibujo con cola de carpintero.

3. Se van rellenando todas las letras y el fondo hasta que esté toda la madera pegada con trocitos.

4. Se deja secar un día y al día siguiente se rellenan los huecos existentes entre los trozos pegados con una pasta llamada borada, compuesta por polvos y agua, como si fuera una mezcla, que hay de diferentes colores.

5. Se van extendiendo por todos los huecos sin dejar que se seque, se van limpiando los restos. Cuando ya está toda extendida –por los laterales y por la parte de atrás también- se deja secar; y posteriormente, se coloca el cáncamo para colgar.

Aparte de las obras expuestas con motivo de la celebración del festival, se hacen todo tipo de mosaicos por encargo. Es una buena noticia encontrar estos artículos tan bien fabricados, hechos por chavales con diferentes grados de discapacidad, que a través de los talleres de Afanas aprenden un bello oficio desde el año 1964, consiguiendo su recuperación laboral. Muchas gracias por esta interesante información a mi amigo Felix del Río, monitor de estos talleres.

martes, 7 de julio de 2009

Gallos rellenos de Paco Pepe

(Receta de Paco Pepe, que confieso no haber elaborado todavía). Prometo hacerla.

Ingredientes: 5-6 lomos de gallo no muy gruesos, un limón, una lata de pimientos del piquillo o asados, varias hojas de lechuga y varias colas de gamba o langostino, una cebolla grande, 2-3 dientes de ajo, un vaso de caldo de pescado, 2 huevos, sal y perejil picado y harina.

Filetear y salpimenar los lomos de gallo, poner unas gotas de limón y extender los filetes con una tira de pimiento del piquillo a lo largo, una hoja de lechuga pequeña y una cola de gamba o langostino pelada y cruda; luego enrollamos el filete con cuidado de no romperlo y lo sujetamos con un par de palillos, y reservamos.

Mientras, en una sartén con aceite pochamos la cebolla pelada en aros finos y los dientes de ajo machadados, y cuando veamos que la cebolla está transparente, añadimos el resto de la lata de pimientos del piquillo, (si usamos asados, calcular la cantidad para que no sea excesivo el sabor a pimiento), con un poco de su jugo, remover todo y dejar hacer unos tres minutos.
A continuación, añadiremos el vasito de caldo de pescado (o agua ) y dejamos reducir nuevamente unos 5 mintos (se puede añadir una pequeña cucharada de maicena o harina para trabar el refrito, si fuese necesario). Apartamos del fuego el refrito y con el brazo de la batidora, terminamos haciendo una crema no muy espesa. Batiremos huevos, le añadiremos sal y meteremos los rollitos de gallo para que se impregnen bien, pasándolos luego por harina y friéndolos.
Y en una fuente resistente al horno, los bañamos con la salsa de pimientos para luego meterlos en el horno a 180º unos 5 minutos, apartamos y espolvoreamos con un poco de perejil picado, sirviendo bien caliente.
NOTA: si la salsa nos queda muy espesa podemos diluirla con un poco de caldo de pescado templado. Si no queremos utilizar el horno podemos hacer ese paso al fuego tapando la fuente y dejandolo hacer a fuego lento unos 10 minutos. Para que el rollito quede más crujiente, pasamos dos veces por huevo y harina.

lunes, 6 de julio de 2009

La Sonora Big Band inaugura el verano

El pasado sábado 5 de julio, el patio del gaditano Castillo de Santa Catalina volvió a llenarse con el concierto de apertura del verano, nuevamente a cargo de nuestra querida Sonora Big Band. En esta ocasión, interpretaron uno de los dos repertorios preparados para el verano, bajo el nombre Big Band Estandard, o sea, la Sonora en estado puro.

Teníamos las entradas reservadas. Pero la hora del concierto nos obliga a tapear a marchas forzadas, y entramos en el “Quilla”, quiosco recién instalado frente a La Caleta, polémico a causa de su discutible ubicación. El sábado estaba a tope, con invitados de una boda, incluyendo novios, velo largo y cola del vestido de la novia, ya que la playa caletera había sido para ellos estudio fotográfico, para variar. Estrés inevitable en el personal del bar, pues también estaban en él los asistentes del concierto de la Big Band.

Larga y relajada cola para entrar al castillo; el olor a mar auténtico y a vieja piedra ostionera del rey Felipe II no tiene precio, y el atardecer llega elegantemente, consiguiendo tranquilizarnos a todos. El glamour veraniego gaditano (distinto a todos) nos envuelve. El perfil de los seguidores de la Sonora es como mínimo de cuarenta, pero lo llevamos muy requetebién. Nos sentamos ya en las butacas de plástico y aluminio sobre la cuidada hierba del patio de Santa Catalina. La fachada de la iglesia (Real Capilla es su título) refuerza con su luz el protagonismo del escenario para los artistas. Pepe Guillamó, su director, presenta el concierto. Estos hombres ponen el vello de punta con solo comenzar con sus acordes. He decidido adoptar esta música, porque resume muchas décadas nuestras y ajenas, pero ya es eterna y sobre todo optimista. La Sonora es la leche.

Hora y media de concierto, consigue hacernos olvidar todo lo superfluo; tengo al lado a mi marido, y eso es inolvidable. Noche con poco viento de suroeste, una suerte en Cádiz, pero llevamos la rebequita veraniega. De la barra traemos unas Cruzcampo fresquitas en vasos de plástico, riquísimas, y unas patatas fritas artesanas, que saben a gloria. A pocos metros, los ciudadanos caleteros autóctonos están disfrutando de la noche en su club; los turistas y veraneantes apuran las papas aliñás y la ración del frito variado. Del mar no te sirven ración, tienes que sentirlo entero.

Y la Sonora nos hizo modernos, románticos y felices durante más de hora y media de una música natural y sin afectación, pero con un loco encanto. En esta ocasión echamos de menos a O’Ferral, el cantante presentador de los conciertos de la Sonora, y a Rosa María Candón, que pone el toque exquisito con su preciosa voz. El próximo 28 de agosto, un nuevo concierto de esta formación musical, junto a su homóloga de Granada, mostrará un motivo más de orgullo para Cádiz: tener una orquesta como la Sonora Big Band.

domingo, 5 de julio de 2009

Música en la cocina

Esta radio tan vulgar, con los ositos encima, la compré en unas rebajas hace cinco o seis años. Y desde entonces me acompaña en la cocina. Los informativos tempraneros son indispensables por la mañana mientras hago el desayuno. Pero por las tardes, que es cuando ejerzo mi jornada cocinera, este aparatito me trae mi música favorita.

Quitando los villancicos navideños, las sevillanas de feria y los coros del carnaval gaditano, mi fondo musical favorito es el de la maravillosa interpretación de la Sonora Big Band, una orquesta gaditana formada por 17 músicos, con un repertorio en constante renovación, dedicado al jazz, a la música contemporánea y sobre todo al swing. Junto con la Big Band de Granada, constituyen las dos únicas formaciones musicales de este tipo en Andalucía. La Sonora Big Band de Cádiz es un grupo abierto, en el que entran y salen profesionales constantemente, que luego tocan por todo el mundo, y que siguen perteneciendo a la Asociación.

La Sonora, nacida hace unos doce años, es una entidad sin ánimo de lucro donde sus componentes aman la música por encima de todo, y eso nos lo transmiten en todos sus conciertos y en sus escasas grabaciones. Ellos se ganan la vida como profesores del Conservatorio, con otras bandas o incluso acompañando a artistas en sus giras. De ahí la dificultad de montar un concierto, ya que hay que buscar tiempo para los ensayos tras montar los arreglos.

Tengo recuerdos de los conciertos vividos con la Sonora desde que la descubrí. Concretamente, su actuación con motivo de su décimo cumpleaños como orquesta, en el Teatro Falla, en diciembre de 2007, en donde intervinieron cantaores flamencos (Galvez y Palomar), cantautores (Javier Ruibal y Alejo Martínez) y al piano nuestro gran Chano Domínguez. Pero tampoco he olvidado sus versiones de temas de grandes películas clásicas, ni sus interpretaciones de swing de los años 40-50, un gustazo para los sentidos. Y en el recuerdo, los cantantes que han acompañado a la Sonora, Jose María O`Ferral (un pequeño Frank Sinatra), y la dulce voz de Rosa María Candón. La Sonora puede tocar de todo.

He hablado de una de mis principales aficiones, la música. Y creo que en la cocina es imprescindible, porque a veces la rutina de los sofritos se hace insufrible, y un buen fondo musical te consigue transportar, elevando la categoría de lo que estás haciendo, entonces una empieza a cantar y la cocina se hace grande, inmensa, más luminosa, casi espiritual. Ya hablaré otro día de mis músicos favoritos, que son muchos….el caso es que si no fuera por el apoyo musical, una servidora no aguantaría ni medio guisoteo.

Sonora Big Band

http://www.youtube.com/watch?v=x740POzRkX0&hl=es