martes, 13 de abril de 2010

Incunables

Este juego de fuente y platos –de los que falta uno- me los regaló mi tía Adela. Dice que a ella se lo obsequió -siendo joven- una anciana octogenaria vecina suya, y que procedía de su ajuar de bodas. Se trata de un bello conjunto, como adorno por supuesto o para utilizar como panera o fruteros. porque su superficie está calada. Pueden tener tal vez unos ciento treinta años…


Aquí va una licorera labrada que lleva un original tapón en forma de pájaro. Perteneció a los padres de mi marido no sé desde cuando, si con motivo de su boda o fue anteriormente. Pero es preciosa. Tiene sus seis vasitos a juego. Actualmente está llena de Pedro Jiménez, un vino muy adecuado a su estilo. Las licoreras evocan reuniones de tertulias relajadas y hoy se ven poco.

Y por último, hemos fotografiado  estos vasos serigrafiados con dibujos decimonónicos los rescató de la basura mi cuñado allá por la Costa del Sol. Al parecer procedían de unos ingleses que se mudaban de casa, y que los dejaron perfectamente embalados y colocados en sus cajas, tal vez sin estrenar aún; el caso es que no pudo resistir la tentación de cogerlos, y luego me los dió a mí.. Eran cuatro y ya se han roto dos. No creo que tengan muchos años, pero me encantan. Los utilizo para el zumo de naranja del desayuno.

A veces me pueden. Me enamoro de ellos fácilmente. Los observo, los vuelvo a mirar y parece que me están contando cosas; su pasado, su vida social, sus disgustos junto a los dueños que los utilizaron, luces y sombras de la vida humana, pobrezas y riquezas económicas y espirituales. Con nosotros vuelven a tener otra vida, una oportunidad de segunda vida, o tercera, en la que sus vibraciones se reactivan y vuelven a hablarnos. Ya no son piezas de museo, ahora intervienen en los movimientos culinarios, tan vinculados a las personas. Los admiro, los valoro, les pregunto cosas, les doy conversación. Aunque es cierto que no les pregunté si deseaban reciclarse o pasar directamente a la jubilación. Tendré que negociar con ellos.

Un simple fregado les ha devuelto la pureza de otro tiempo. Y aquí están de nuevo, aportando glamour a nuestro ajuar moderno y funcional de finales del siglo XX y principio del XXI, sirviendo de puente entre dos o quizás tres generaciones. Ya son únicos, como también las personas lo son y lo fueron y lo serán.


Un bordado antiguo, un vaso, un plato, una licorera se vuelven mágicos a nuestra vista. Tal vez por valorar que presenciaron una época de la que ya no tenemos información, porque no queda nadie vivo. Para eso están, para ser testigos de otro modo de vida y otra forma de pensar. Al contemplarlos estoy conversando con ellos y conversando conmigo misma. Por eso les sigo interrogando. Por eso me pueden.

lunes, 12 de abril de 2010

Patatas viudas de Huelva

Ingredientes: buen aceite de oliva, 2 cebollas, 2 ajos, 2 tomates, laurel, 1/2 kg. de patatas nuevas, vasito de vino blanco (tipo manzanilla) y pimentón.



En el aceite de oliva freir la cebolla, los ajos y los tomates pelados. Agregar unas hojas de laurel, y una cucharadita de pimentón. Cuando esté todo dorado, echar las patatas troceadas y un vasito de vino blanco, dejándolas cocer hasta que estén tiernas.
Están riquísimas. No quedó ni la muestra.Hay que calcular bien el sofrito y el vino, pues necesitan tener mucho caldo para cocer correctamente.





(La receta la tomé del libro: "La Huelva de ayer", escrita por el Club de Pensionistas Lazareto.

El nuevo mercado de Huelva

La aventura de comprar, de disfrutar eligiendo productos, de cambiar impresiones con los vendedores, de encontrarnos con familiares y viejos amigos, tiene su encanto. Pero poder elegir lo que uno come es además un privilegio. En esta ocasión todo esto lo hemos vivido en Huelva, en su nuevo mercado, amplio, moderno, con facilidad para acceder, con aparcamiento público, y con una gran variedad de mercancías en todos sus puestos. Un regalo para la vista.
El recorrido comenzó con el puesto de chocos, dónde los precios varían solo en función del tamaño del bicho. En esta ocasión, el pescadero me indica honradamente que hoy no vienen de Huelva, sino de Marruecos. Es un pescadero de fiar, lo conocíamos del viejo mercado. Compramos dos choquitos de 1 kilo más o menos cada uno, y ya tenemos un pescadero cómplice y de confianza para otro encargo en otra ocasión. Hay que tener amigos hasta en las pescaderías.
Continúa el safari por las verdulerías. Los ojos se nos van hacia las habas, únicas por su tamaño éstas de Huelva, ideales para hacerlas “enzapatás” o guisadas con chocos. Decidido, pónganos dos kilitos….y también los avíos para hacerlas (ajos frescos, hierbabuena y poleo). Seguimos recorriendo el mercado, llenísimo de gente, y mientras nos aprovisionábamos de fruta (magníficas fresas del lugar y naranjas clemenmiel (una pasada), nos topamos con la joya de la corona onubense: “los gurumelos”. ¡qué buena oportunidad!. El precio a estas alturas es más asequible al menos, pues llegó a estar a 48 euros a principio de temporada. Hoy no llega a la cuarta parte. La compra de estas maravillosas setas lleva consigo recetas y consejos para su preparación. La vendedora me indica: “con arroz, judías, en revueltos… pero no le pongas nada que le quite su sabor”. Así lo haré.
La vuelta a Huelva en más de ochenta puestos nos hace descubrir productos del Condado: vinagres reserva, aceitunas de mesa, aceites, frutos secos, alimentos ecológicos, etc. Como ya dije alguna vez, éste es el maravilloso mundo de los mercados de abastos.
El nuevo mercado del Carmen es un referente comercial para la ciudad de Huelva por su excelente situación, con modernas y amplias instalaciones, puestos muy espaciosos, productos variados, frescos, de calidad y de todos los precios, y sobre todo una disposición interna que facilita mucho el recorrido al visitante. Gente como nosotros disfruta comprando aquí.
Chocos, habas, gurumelos y fresas resumen la rica gastronomía de Huelva, una de las más completas de España y creo que poco difundida. Sin olvidarnos de gambas y jamón, símbolo del elitismo en la gastronomía clásica, también de Huelva. Por fin esta ciudad tiene un mercado a la altura del siglo XXI.

Más información sobre el mercado, en el diario Huelva Información.

(Post dedicado a mi amigas Dolo (poetisa onubense) y a Mari, que fríe el pescado como nadie en el Bar Antonio de Punta Umbría).

domingo, 11 de abril de 2010

El antiguo mercado de Huelva

Huelva –como muchas ciudades españolas- no llegó a tener un edificio específico para mercado hasta finales del siglo XIX. Anteriormente, los onubenses se proveían de alimentos en un mercado al aire libre organizado diariamente en La Placeta y en las calles aledañas (las actuales José Nogales, Las Bocas y Plus Ultra). De ahí las alusiones documentales a La “Placeta de los Mercaderes”. No obstante, según Diego Díaz Hierro, en su libro Historia de las calles y plazas de Huelva (1983), hubo un primer mercado en la zona de asentamiento primitivo de la villa, es decir, en la zona alta, junto al castillo e iglesia mayor de San Pedro.

Parece ser que también existió un mercado efímero en la Plaza de las Monjas durante el año 1825-26, lugar escogido por el Ayuntamiento por su mayor amplitud, pero que a la postre no satisfizo a vendedores ni a clientes, que reclamaron al ayuntamiento la vuelta al emplazamiento anterior, en La Placeta.
Durante el año 1861, en diferentes sesiones capitulares, se estudiaron algunas propuestas de construcción de mercado público, sin decidirse por ninguna. Fue el 26 de agosto de 1864, cuando el entonces alcalde de Huelva Fernando de la Cueva y Cáceres, firma un documento público ante notario por el que el contratista Antonio Cortina Bustamante procederá a la construcción de un mercado de abastos en Huelva, convertida en capital de la provincia desde 1833. El valor de las obras: 423.122 reales, con un plazo de ejecución comprometido de nueve meses. El 6 de septiembre de 1864 se colocó la primera piedra, bendiciéndose el 19 de enero de 1866 y abriéndose al día siguiente al público, festividad del patrón de la ciudad, San Sebastián, el Mercado de El Carmen.

No obstante, este mercado pronto dio pruebas de sus deficiencias higiénico-sanitarias. Además, debido a la zona en que se encontraba, sufría inundaciones en momentos de temporal. De ahí que se realizaran diversas obras de mejora y ampliación, como la que tuvo lugar en el año 1884, para dotar de puestos de pescado. Ya en 1913 se describía así el mercado: “Tenía cinco grandes puertas, tres naves y cuatro cuarteles. En éstos van los puestos de carne, y en los patios las legumbres. En otros puestos exteriores, se vendían carne de lidia, masa frita, quincalla, bisutería y lozas. Teniendo en cuenta que entonces la carga y descarga la realizaban los caballos, hubo que colocar un atajo para impedir la entrada de las bestias al interior del recinto.

En 1919 el Consistorio aprobó una ordenanza para fijar precios máximos, impedir la instalación de puestos ambulantes en las zonas exteriores del mercado y poner freno a los pregones de los vendedores, al parecer bastante groseros y de mal gusto.

A finales de los años 50 y principios de los 60, el mercado se encontraba en una clara situación de decadencia, según describe la prensa de aquellas fechas, produciéndose numerosas denuncias por la pésima situación de conservación del edificio del mercado. Entonces éste albergaba 88 puestos de frutas y verduras, 83 de carne y 70 de pescado.

Huelva seguía creciendo, y el 18 de julio de 1952 se inauguraba allí un nuevo mercado en la barriada de Las Colonias. También abrió sus puertas otro mercado en el barrio de San Sebastián allá por 1957. Pocos años después comienzan a funcionar los primeros supermercados modernos.

Coincidiendo con la urbanización de la zona de Pescaderías, el Ayuntamiento proyecta el traslado del mercado de El Carmen a estos nuevos terrenos, lo que se ha visto cumplido a finales del año 2009. Se cierra así una etapa de más de 140 años de historia y actividad comercial cotidiana de los habitantes de Huelva.

No podemos olvidar algunos nombres de los vendedores más conocidos: María “La Catalana”, con 81 años hoy, puesto de fruta y verdura; Miguel Izquierdo, Churrería Miguel, con 140 años de antigüedad, Aquilino Vidal, cuchillería y ferretería, hace 60 ya años, Pepe “El pescadero”, desde hace 40 años ó Manuel el del Puro. Han sido varias generaciones las que han trabajado y dado vida a este viejo mercado, cuyas instalaciones ya no estaban a la altura del siglo XX y en la ciudad de Huelva.

Los datos están resumidos del libro: “La Plaza….1866-2007”, editado por la Diputación de Huelva, la Fundación El Monte y el Puerto de Huelva, una joya.

viernes, 9 de abril de 2010

Cómo conservar las frutas crudas

Hoy he comprado el libro “Saber comprar, conservar y congelar nuestros alimentos”, escrito por Cristina Galiano. Después de echarle un vistazo, me parece un manual de consulta imprescindible para los que estamos preocupados por la gestión integral (como se dice ahora) de todo lo relativo a la cocina. Hoy he extraído los consejos sobre cómo conservar la fruta.

Las frutas más delicadas (albaricoques, dátiles frescos, frambuesas, fresas, grosellas, moras, zarzamoras y arándanos, caquis, cerezas, picotas, ciruelas, higos y brevas, melocotones y sus derivados como paraguayas o nectarinas y las uvas, pueden durarnos muy bien una semana o incluso más. Para ello, las conservaremos en cajas de polietileno forradas con papel absorbente de cocina, cuidando además de colocar papel también en la parte superior del envase. Por supuesto, que es necesario que estén en buen estado en el momento de su compra.

Para las frutas más duras: aguacates, chirimoyas, granadas, kiwis, mangos, manzanas, membrillos, nísperos o peras, lo suyo es conservarlas en frío, encima de bandejitas, fuentes o platos y al descubiertos, ya que su piel les sirve de protección.

Los cítricos –dice Galiano en su libro- , que lucen tanto en los fruteros, durarán allí unos cuantos días, pero aguantarán mucho más en la nevera. Los limones fuera del frío se van deteriorando lentamente. Por ello, si se consumen poco a poco, lo ideal, para tenerlos siempre disponibles, es hacerlos zumo el mismo día de su compra y envasarlos en pequeños recipientes herméticos o en las mismas cubiteras de hielo. Estos “cubitos” de zumo de limón pueden congelarse perfectamente. Si lo que usamos es la piel, ésta también puede congelarse, lavándola previamente en agua caliente y jabón, y secándola previo pelado con un cuchillo pequeño.

Un caso especial son los plátanos, que deben comprarse verdes y enteros; mientras que estén verdes pueden estar a temperatura ambiente. No obstante, para detener su maduración es conveniente envolverlos por separado en papel film. De ese modo, aunque estén feos por fuera, por dentro seguirán enteros y riquísimos.

Melón y sandía se conservan en la nevera encima de cualquier bandeja, pero para guardar trozos que se consuman poco a poco, hay que guardarlos en papel film y luego introducirlos en una caja hermética o en una bolsa de conservación. Si el corte no se aísla convenientemente, estas frutas se pondrán agrias rápidamente. Cuanto más llenos estén los recipientes, más fácil será la conservación, ya que habrá menos aire y menos oxidación.

Con las piñas, hay que hacer lo mismo. Y en cuanto a las castañas y los cocos enteros, deben conservarse en un sitio fresco encima de una bandeja o en la nevera. Las batatas y boniatos, como las patatas, a 8-10º, en algún sitio seco y oscuro.

martes, 6 de abril de 2010

Brazo de gitano de Ana

(La obligué a que soltara la receta. Dice que es facilísima, y que la hizo con thermomix. Aún no la he hecho, pero sí la hemos probado en casa, por gentileza de Ana y de su hermana Alba). Y aquí os dejo las instrucciones para elaborar este riquísimo brazo de gitano:

Para el bizcocho



INGREDIENTES: 4 huevos, 130 g. azúcar, 170 harina y 2 cucharaditas de levadura y pizca de sal.



ELABORACIÖN: poner la mariposa en la cuchilla y añadir los huevos y el azúcar; poner a 40º velocidad 3 y 2 minutos de tiempo. A continuación, poner otros 2 minutos a la misma velocidad pero sin temperatura. Una vez pasados los 2 minutos añadir la harina con la levadura y la sal y mezclar unos segundos. A continuació poner la mezcla en el horno en la bandeja (yo utilizo un molde de silicona que es como una "bandeja" planita) y ahí lo extiendo muy bien, que no tenga mas de 1/2 cm de altura; y lo introduzco en el horno precalentado a 180º unos 10-15 minutos. Cuando ya esté horneado se desmolda y se enrolla en un paño húmedo y se espera a que se enfríe. (yo lo dejo enfriar mientras hago la mezcla)

Relleno



INGREDIENTES: 500 ml de leche, 2 huevos, 30 gr de maizena, 70 gr de azucar, 2 cucharaditas de azucar vainillada, 2 cucharadas soperas de cacao.



(yo no le pongo azucar vainillada porque sé que se puede hacer con azúcar normal y con una barrita de vainilla que se vende en los super y que se pica; entonces sustituyo el azúcar por 2 cucharaditas de sobre de flan El Niño, que se utiliza para hacer natillas y flanes y le da también muy buen sabor)



ELABORACIÓN: poner todos los ingredientes menos el cacao a Tº 85, velocidad 4 y 6 minutos. Una vez pasado este tiempo se le añade el cacao y se mezcla unos segundos, 5-10 segundos, no más. Y ya dejarla enfriar para rellenar el brazo de gitano. (esta mezcla tambien se puede utilizar para más cosas, yo la suelo poner cuando hago los crepes)

Para decorar le puse cacao en polvo, y tambien se le puede poner azucar glass... eso ya va a gusto; cuando lo hago con crema pastelera me gusta ponerle azúcar glass con canela.


Humor positivo, o sea, cachondeo serio

Es cierto lo que dijo Oscar Wilde: “La vida es demasiado importante para tomársela en serio”. Y el trabajo, por supuesto, también lo es. El próximo 8 de abril será el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo, y me parece una de las celebraciones más acertadas de entre tantas conmemoraciones que aparecen últimamente en las agendas de los medios de comunicación.

Hace unas dos semanas asistí a una conferencia titulada “El sentido del humor: un paraguas ante la adversidad”, impartida por los doctores Eduardo Jaúregui y Jesús Damián, fundadores de la consultora de formación “Humor Positivo”. En la ponencia se facilitaban claves para afrontar con buen humor los momentos difíciles de la vida, concretamente en las jornadas laborales, en las que pasamos gran parte de nuestra existencia.

Como ejemplo, los conferenciantes –siempre de pie- contaron la experiencia de un barco encallado en el Polo Norte y con muchos tripulantes, cuyo capitán los mantuvo jugando y haciendo ejercicio físico para evitar congelaciones. Pero más tarde el barco se rompe y entonces el capitán pide a sus hombres que conserven solo un kilo de equipaje. Entre los objetos conservados estaba un banjo, instrumento con el que todos y cada uno tenían que componen e interpretar una canción semanal, con una letra en la que se reía de alguno de sus compañeros. La actividad cómico-musical les salvó la vida.

Se trata de la necesidad de desarrollar el sentido del humor, sobre todo para el grupo con el que se trabaja, y reírse de los demás, pero con la participación de ellos. Y una palabra clave, cuando recibimos una mala noticia, responder: “Pero afortunadamente……”, pues a continuación iría una frase optimista que arreglaría de un plumazo la contrariedad anunciada.

Afortunadamente, en mis muchos años de trabajo he tenido la suerte de reírme mucho, muchísimo. Primero, porque las dos primeras empresas dónde trabajé eran gaditanas, con lo que la chispa de la gente de la plantilla era genial, dándose situaciones surrealistas de risa espontánea, que hacían pasar mucho mejor los malos ratos, porque redefinían las circunstancias con un enfoque cómico y de autocrítica. Además, fue en esos tiempos en los que más y mejor he trabajado. Aún hoy me sigo acordando de muchas de esas anécdotas, y con ellas podría escribir un libro, o tal vez un blog.

Y la risa, o el simple buen humor, debería estar con nosotros a diario, porque facilita nuestro trabajo, suaviza nuestro estrés y, lo más importante, une a las personas, lo mismo que el dolor. Hay compañeros de trabajo que son capaces de crear humor y de compartirlo, tan importante es lo uno como lo otro. Apreciar dónde está el sentido del humor es un trabajito fino, pero de lo más útil en la vida.

Y como imprescindible guiño gastronómico, ya he dicho en alguna ocasión lo importante que es llevar algo de comer al trabajo: dulces, bizcochos, pastelillos, etc.; el compartir estas pequeñeces fomenta el buen rollo laboral, lo digo por experiencia.

Dicen que no hay pruebas fehacientes de que el humor tenga efectos analgésicos, reduzca el estrés y las emociones negativas y se asocie con mejor salud mental, pero yo sí lo tengo clarísimo. Y lo primero es aprender a reírse de uno mismo, para conservar nuestro equilibrio frente a tantos avatares más o menos crueles derivados de organigramas, traslados, defenestraciones, fracasos, desmotivaciones, etc. en el trabajo. Pero es difícil divertirse mientras se está en el paro; para eso sería necesarias muchas ponencias.




domingo, 4 de abril de 2010

Un editorial para las catas

Tras haber participado en varias catas de platos y vinos gaditanos, la mayoría en el restaurante Sopranis y a iniciativa de La Alacena de Pepe Monforte, son varias las ideas que me gustaría comentar:

a) El aspecto didáctico de estas catas es fundamental, aprendiendo de la mano de un enólogo la degustación y valoración de nuestro vino, que sin llegar a convertirnos en expertos, consiguen dotarnos de unos conocimientos e inquietudes mínimas.

b) La información recibida sobre los productos de nuestra provincia es valiosísima. Vinos ya conocidos o recién llegados al mercado son presentados en sociedad, concediéndoles el tiempo que se merecen para contar su historia, curriculum y proyección futura.

c) Igualmente, en lo relativo a productos típicos de alimentación, ya sea en su estado primitivo o en platos elaborados, la provincia de Cádiz se nos ofrece en toda su variedad. Esta información nos alienta a mejorar nuestras técnicas culinarias en casa, pues los ingredientes lo merecen.

d) Se nos enseña a disfrutar de la gastronomía en general, ya que cortas porciones de alimentos y justas copas adquieren todo el protagonismo ante el consumidor, aprendiéndose a valorar las pequeñas cosas, filosofía muy útil en la vida.

e) Hay un gran componente social. A través de estas sesiones hemos ido intimando con el resto de los asistentes, compartiendo una amable conversación y un rico cambio de impresiones; en resumen, haciendo amigos.

f) Y por último, resaltar la cuidada organización de estas jornadas, en la que priman los productos de calidad y su selección y maridaje. En lo que a nosotros respecta, el boca a boca está siempre garantizado.

Es cierto que este blog pregona la comida en casa ante todo. Pero las catas sirven -a mi por lo menos- como referencia de la cocina bien hecha, a la que hay que aspirar siempre. Y en cuanto a los vinos, son sin duda propuestas que podríamos llevar a nuestra mesa, aportando calidad de vida y de alimentación. Ahí están los buenos productos gaditanos y es nuestra obligación conocerlos y saborearlos. He dicho.

Cata de Vigilia en Sopranis

Problemas técnicos me impidieron postear a su debido tiempo esta ortodoxa cata de Cuaresma. Pero localizadas ya las fotos de vinos y platos, he aquí mi modesta crónica para la posteridad de cotilleos gastronómicos y de quienes no pudieron asistir al acto por simple overbooking.

El pasado 20 de marzo en el restaurante Sopranis mandaron los guisos y a ellos tuvieron que adaptarse los vinos, todos gaditanos, naturalmente. De ahí que junto al sumiller (y cocinillas confeso) José Antonio Gómez Lucas, también coordinara las secuencias de comunicación el excelente cocinero de la casa Juan José Sánchez Marabot. Realmente ambos artistas eran necesarios para explicar y justificar la armonía de sabores de ambas líneas.
Primera Cata: magnífico “caldo en deconstrucción”, de matrícula, (y lo vuelvo a decir), que llega con los avíos en un cuenco y el líquido en una jarrita de diseño. Los detalles importan. El vino, un oloroso seco, Sangre y Trabajadero , D.O. Jerez, lágrimas en vaso, color tabaco por alcohol, reflejos rojizos, todo eso a “copa parada”. Al mover el catavino llegan aromas lácteos, como un amontillado, y aparecen olores a almendra amarga, casi a café o madera. En boca, entrada amable, hace salivar mucho, agradable, a frutos secos.
Segunda Cata: entramos en calor y ya hablamos con el compi de enfrente. Llega chuleando un potaje de garbanzos con espinacas y con su bacalao confitado en aceite de oliva, que además está en su punto (aquí no hay término medio), y como comentario marujil, los garbanzos están super tiernos. Para beber, vino tinto Garum, de un rojo intenso, picota o púrpura; aroma mineral, terroso, a ciruelas, Tras mover, aparecen aromas lácteos y florales a violetas y frutas maduras. Es sin duda un vino elegante. En fase gustativa, es untuoso, amable, de justa acidez, dulce, muy equilibrado. Su temperatura ideal es 18º, y deja un recuerdo a vainilla en la boca.
Tercera Cata: Guiso de alcauciles de Conil con chícharos y habas, excelente, equilibrado, al que le propusieron ligar con el Fino Entrechuelos, que visualmente es muy brillante, sin partículas en suspensión, muy transparente, de un color amarillo oro con reflejos verdosos. Lleva olores frutales, aunque en frío aparecen pocos, a piña tropical ácida o albaricoque y a mentolados. Es fresco, afrutado, no destaca gran cosa y tiene una entrada amable. Conclusión: relaja la boca.

Cuarta Cata: Llega el remate, con un Guiso Chiclanero de Resurrección, de cuya impresión aún nos estamos recuperando, pues llevaba todos los avíos decentes y políticamente correctos. Yo ya lo dije: los chiclaneros saben de. La botella, de vino tinto Taberner cosecha 2005 (Huerta de Albalá). Lleva uva syrah, aunque más de Cabernet y Merlot. Es rojo rubí, con más crianza y evolución. Aroma a cuero, madera, frutos del bosque (¿barniz?). En boca envuelve pero tiene menos cuerpo que el Garum y un rápido paso de boca.
Y de postre, las torrijas con Tintilla de Rota, una especie de chupito casi desaparecido del mercado, de agradable sabor. Las torrijas, por cierto, de categoría, a la altura de las mejores clásicas.

Cuaresma y pascua empiezan y concluyen con esta magnífica cata de vigilia que lleva todos sus alicientes, a modo de selecto paseo por la gastronomía tradicional de semana santa de la provincia gaditana. Sumiller y cocinero, cocinero y sumiller han dado aquí lo mejor de sí mismos y sus aportaciones no tienen precio; en eso estuvimos de acuerdo todos los asistentes a la cata,  por unanimidad, vamos.

viernes, 2 de abril de 2010

Réplica a la poesía del Manolete

Mi tía Adela ha querido complementar la oda al Manolete, reforzar el canto a la barra de pan gaditana de toda la vida, que tal vez esté en peligro de extinción. La aportación de Adela va sobre el relleno, el imprescindible maridaje en un buen pan. Y va dedicada a Gabriel, autor de la oda anterior.

Si tú que eres escritor/No atinas con la cuarteta/¿Qué puede esperar que escriba/Una abuela majareta?

Escribes de manoletes/Que no tienen nada dentro/Desilusión para el mortal/Que abre ese bendito pan/Y solo se encuentra viento….

¡Qué feliz sería esa criatura/Si abriendo un día el Manolete/Sueña que dentro se esconden/Tres filetes de asadura!

Piensa que es el milagro/De las Bodas de Canaán/Conque, no tengas malaje/Y rellena ese pan/Aunque sea de potaje.


Ensalada tripartita.

Kiwi, mango y salmón, son tres sabores que unidos funcionan estupendamente. No hay más que pelar en trozos bonitos y disponer ordenadamente estos tres elementos en un plato o fuente presentable. La mesa se alegrará y los comensales también. Son tres sabores distintos pero que se llevan tan bien que ofrecen un sabor espectacular.

Ni siquiera es necesario añadir aliño, aunque tampoco creo que venga mal por ejemplo, un buen vinagre de Módena, que es bastante suave. Se trata de un entrante sano y apetitoso.


En este caso, utilizamos ¼ kg de salmón ahumado, 3 kiwis y 1-2 mangos.

Esta ensalada es producto de un chivatazo gastronómico.