
El fin de semana de carnaval, nos organizamos como siempre antes de salir de casa, a base de preparar queso y carne mechada, todo ello debidamente troceado y colocado en una fiambrera junto a una bolsita de picos artesanos (¡como no!). Y lo mas importante, seguimos la tradición de llevar un buen acopio de croquetas de puchero (gallina y ternera), aportadas por la artista de mi cuñada, y que ella misma se encargó de freir sobre la marcha, con lo que iban calentitas. No sabéis el éxito que tienen estas frituras, pues consiguen alegrar no solo a los primos y amigos con quienes nos reunimos, sino también a nuevas amistades (¡quien se resiste a ellas).
Lógicamente necesitábamos bebida fresquita, así que entramos en el “Mesón de las Américas”, junto al Paseo de Canalejas, regentado por unos argentinos ya gaditanos, para pedir las cervezas. Como es lógico, eché de menos algún tipo de verdura, y mira por dónde, nos encontramos con la sorpresa de que tenían en la carta un maravilloso tomate Raff aliñado. Total: la felicidad completa en el almuerzo.
Cuando hace años, en estas aventuras carnavalescas llevábamos a nuestros niños y sobrinos –entonces pequeños-, siempre preparábamos bocadillos pequeñitos hecho en casa, a base de queso, tortilla, o jamón cocido, con lo cual estábamos tranquilos de lo que comían, junto al refresco o mini-tetrabrik de leche o batido. Comer bien no está reñido con ningún carnaval.
Por la noche para cenar, tras el lógico cansancio, un buen plato de fruta variada y un yogur. Por cierto: al día siguiente, lunes, resulta que aún me quedaba arroz perfecto de verduras (Ver histórico de recetas), que había cocinado el viernes pasado, y que tras calentarlo en el microondas seguía estando riquísimo, y eso fue lo que comimos, junto a la pimentada de lujo que ya conocéis. Y es que necesitaba descansar después del carnaval.
Cuando hace años, en estas aventuras carnavalescas llevábamos a nuestros niños y sobrinos –entonces pequeños-, siempre preparábamos bocadillos pequeñitos hecho en casa, a base de queso, tortilla, o jamón cocido, con lo cual estábamos tranquilos de lo que comían, junto al refresco o mini-tetrabrik de leche o batido. Comer bien no está reñido con ningún carnaval.
Por la noche para cenar, tras el lógico cansancio, un buen plato de fruta variada y un yogur. Por cierto: al día siguiente, lunes, resulta que aún me quedaba arroz perfecto de verduras (Ver histórico de recetas), que había cocinado el viernes pasado, y que tras calentarlo en el microondas seguía estando riquísimo, y eso fue lo que comimos, junto a la pimentada de lujo que ya conocéis. Y es que necesitaba descansar después del carnaval.
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