
Aunque la mayoría de los productos lleva información nutricional en el envase, al parecer, no suele leerse. Información que además detalla las calorías, proteínas, carbohidratos o grasas, así como la cantidad diaria orientativa que de ellos debe consumirse en términos de salud.
A mi entender, el sabor como principal criterio en la elección de alimentos lleva inevitablemente a anular otros factores más importantes; de hecho los alimentos precocinados llevan incorporados un gusto totalmente artificial y muy agresivo que engancha fácilmente sobre todo a las nuevas generaciones de consumidores. Y así, se van olvidando los sabores suaves, sencillos, básicos y elementales de verduras, frutas, legumbres o lácteos en nuestra alimentación, todos ellos importantísimos en la dieta saludable.
De todos modos, es cierto que el sabor es algo que es percibido subjetivamente por cada individuo, y que obedece sin duda a factores culturales y sociales. Pero también es verdad que a los niños se les puede educar en ciertas costumbres alimenticias.
Últimamente he vuelto a consumir yogures naturales (sin azucarar por supuesto). Y es que estoy harta de tanto sabor o trozo de fruta añadido que no es tal, haciendo que me olvide del lácteo en sí mismo. Cada alimento lleva su sabor y punto, y las excepciones digo yo que para los días de fiesta.
2 comentarios:
Tienes toda la razón en lo que dices, pero hay un elemento que también interviene. Es el tamaño y el color de la tinta de la información nutricional. La marca está escrita en un tipo enorme, pero si tiene sodio o no, o fibra o lo que sea, no hay quien lo lea: letra peequeña, tinta color oro, que no se ve con ninguna luz, etc. La educación del consumidor es importante, pero la del fabricante, también.
Es cierto, a mí también me cuesta trabajo leerlo. No ocurre así -creo- con los envases de leche (tetrabrik) que vienen estupendamente.
Saludos Manuel!.
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