jueves, 9 de julio de 2009

Garbanzos con langostinos

Receta del boletín cosas de comé , que hemos probado en casa y que recomendamos.

Ingredientes: 1/2 kg. De garbanzos remojados la noche anterior. 1 kg. De langostinos crudos. 1 cebolla grande 1 pimiento verde. 1 tomate maduro. 1 trozo de calabaza. 1 patata mediana. 1 cabeza de ajos. Perejil, pimentón, aceite de oliva virgen extra. Sal. Medio kilo de culata de jamón bueno. 1 longaniza de chiclana.

La noche anterior ponemos los garbanzos en remojo en agua templada con sal. Por la mañana comenzamos a hacer el guiso. Lo primero será pelar los langostinos. Guardamos las colas y las cabezas y los caparazones de los langostinos los cocemos en dos litros de agua. El caldo resultante lo colamos y lo ponemos ya en la olla para hacer el potaje.
Primero incorporamos el aceite de oliva junto al ajo con las verduras (el pimiento entero despepitado, la cebolla pelada entera, el trozo de calabaza entero, sin piel ni pepitas, la patata entera pelada y el tomate pelado). Cuando ya el agua esté hirviendo incorporamos los garbanzos remojaos. Bajamos el fuego y lo dejamos a fuego lento. Cuando haya pasado una hora sacamos el tomate, el pimiento, la calabaza, la patata, la cabeza de ajos y la cebolla.

Trituramos toda la verdura en la batidora, excepto la cabeza de ajos y la incorporamos de nuevo al guiso. En ese momento salamos e incorporamos la longaniza de Chiclana y la culata de jamón finamente picados, además del pimentón. Cuando los garbanzos estén ya tiernos y queden 5 minutos para servir se incorporan al guiso los langostinos que deben hacerse poco para que queden jugosos. Se sirve caliente. (En la venta El Caballo Negro se acompaña de teleras de pan moreno de la panadería El Cohollero de Puerto Real).

Buenas noticias laborales: solidaridad e inclusión.

Sólo dos euros.- Todos sabemos los momentos difíciles que atraviesan numerosas familias con motivo de la crisis; las entidades sociales que atienden estos graves problemas –Banco de Alimentos, Cáritas, etc.- están desbordadas ante las fuertes demandas que reciben. Los voluntarios/as de la Caja de Ahorros Cajasol –personal activo o pasivo de la entidad- , que por su labor solidaria conocen de manera directa esta grave situación, propusieron una iniciativa interna dirigida a toda la plantilla de la Caja, consistente en la donación mensual y durante 12 meses de DOS EUROS (mínimo) de sus nóminas. “Con 2 euros al mes durante un año puede comer una familia un plato de legumbres, de pasta o de arroz a la semana; alimentos básicos para la dieta humana”. Ése es su mensaje, con un poco de todos conseguimos mucho.

Los fondos recaudados irán destinados a los Bancos de Alimentos de las provincias donde Cajasol está implantada. La cantidad media recaudada mensualmente a través de este sistema es de 6.000 euros, que recibirá Banco de Alimentos de Sevilla, continuando con las delegaciones de Cádiz, Huelva, Málaga, Córdoba, etc., y así durante doce meses. Sería estupendo que otras empresas y entidades se contagiaran de esta iniciativa, tan simple pero tan útil.

Trabajar bien con discapacidad.- Como ya anuncié en Comeencasa, el pasado 27 de junio tuvo lugar en AFANAS (Asociación de Ayuda a Minusválidos Psíquicos de Cádiz y su provincia), su tradicional Festival Benéfico, organizado con el fin de recaudar fondos para sus actividades.

Allí estuvimos, logrando acceder al patio-auditorio del centro con cierta dificultad, ante un cartel de casi completo. Nos tomamos la cervecita en una barra instalada al efecto, disfrutamos de las agrupaciones de carnaval, entre ellos la chirigota del “Yuyu”, “air con el carair …”, y, -lo mejor de todo- adquirí este mosaico procedente de los talleres de Afanas, al precio de 15 euros.

El Taller de Mosaicos de AFANAS está compuesto por un total de 15 usuarios/as de entre 22 y 40 años (aproximadamente).Cada uno de ellos trabaja en función de sus capacidades: hay algunos chavales que manejan la máquina de cortar piezas de azulejos, otros se encargan de cortar los azulejos en trocitos más pequeños con las tenazas, y ya el resto se dedica a pegar dichos pedazos para confeccionar el mosaico. Este es el proceso de fabricación que llevaría este mosaico:

1. Se coge un trozo de madera (
casi siempre aglomerado) y se calca en ella el dibujo que se vaya a hacer.

2. Dicho dibujo (en este caso el letrero de AFANAS) se va rellenando con trocitos de azulejos de distintos colores (según el modelo), pegándolos encima del dibujo con cola de carpintero.

3. Se van rellenando todas las letras y el fondo hasta que esté toda la madera pegada con trocitos.

4. Se deja secar un día y al día siguiente se rellenan los huecos existentes entre los trozos pegados con una pasta llamada borada, compuesta por polvos y agua, como si fuera una mezcla, que hay de diferentes colores.

5. Se van extendiendo por todos los huecos sin dejar que se seque, se van limpiando los restos. Cuando ya está toda extendida –por los laterales y por la parte de atrás también- se deja secar; y posteriormente, se coloca el cáncamo para colgar.

Aparte de las obras expuestas con motivo de la celebración del festival, se hacen todo tipo de mosaicos por encargo. Es una buena noticia encontrar estos artículos tan bien fabricados, hechos por chavales con diferentes grados de discapacidad, que a través de los talleres de Afanas aprenden un bello oficio desde el año 1964, consiguiendo su recuperación laboral. Muchas gracias por esta interesante información a mi amigo Felix del Río, monitor de estos talleres.

martes, 7 de julio de 2009

Gallos rellenos de Paco Pepe

(Receta de Paco Pepe, que confieso no haber elaborado todavía). Prometo hacerla.

Ingredientes: 5-6 lomos de gallo no muy gruesos, un limón, una lata de pimientos del piquillo o asados, varias hojas de lechuga y varias colas de gamba o langostino, una cebolla grande, 2-3 dientes de ajo, un vaso de caldo de pescado, 2 huevos, sal y perejil picado y harina.

Filetear y salpimenar los lomos de gallo, poner unas gotas de limón y extender los filetes con una tira de pimiento del piquillo a lo largo, una hoja de lechuga pequeña y una cola de gamba o langostino pelada y cruda; luego enrollamos el filete con cuidado de no romperlo y lo sujetamos con un par de palillos, y reservamos.

Mientras, en una sartén con aceite pochamos la cebolla pelada en aros finos y los dientes de ajo machadados, y cuando veamos que la cebolla está transparente, añadimos el resto de la lata de pimientos del piquillo, (si usamos asados, calcular la cantidad para que no sea excesivo el sabor a pimiento), con un poco de su jugo, remover todo y dejar hacer unos tres minutos.
A continuación, añadiremos el vasito de caldo de pescado (o agua ) y dejamos reducir nuevamente unos 5 mintos (se puede añadir una pequeña cucharada de maicena o harina para trabar el refrito, si fuese necesario). Apartamos del fuego el refrito y con el brazo de la batidora, terminamos haciendo una crema no muy espesa. Batiremos huevos, le añadiremos sal y meteremos los rollitos de gallo para que se impregnen bien, pasándolos luego por harina y friéndolos.
Y en una fuente resistente al horno, los bañamos con la salsa de pimientos para luego meterlos en el horno a 180º unos 5 minutos, apartamos y espolvoreamos con un poco de perejil picado, sirviendo bien caliente.
NOTA: si la salsa nos queda muy espesa podemos diluirla con un poco de caldo de pescado templado. Si no queremos utilizar el horno podemos hacer ese paso al fuego tapando la fuente y dejandolo hacer a fuego lento unos 10 minutos. Para que el rollito quede más crujiente, pasamos dos veces por huevo y harina.

lunes, 6 de julio de 2009

La Sonora Big Band inaugura el verano

El pasado sábado 5 de julio, el patio del gaditano Castillo de Santa Catalina volvió a llenarse con el concierto de apertura del verano, nuevamente a cargo de nuestra querida Sonora Big Band. En esta ocasión, interpretaron uno de los dos repertorios preparados para el verano, bajo el nombre Big Band Estandard, o sea, la Sonora en estado puro.

Teníamos las entradas reservadas. Pero la hora del concierto nos obliga a tapear a marchas forzadas, y entramos en el “Quilla”, quiosco recién instalado frente a La Caleta, polémico a causa de su discutible ubicación. El sábado estaba a tope, con invitados de una boda, incluyendo novios, velo largo y cola del vestido de la novia, ya que la playa caletera había sido para ellos estudio fotográfico, para variar. Estrés inevitable en el personal del bar, pues también estaban en él los asistentes del concierto de la Big Band.

Larga y relajada cola para entrar al castillo; el olor a mar auténtico y a vieja piedra ostionera del rey Felipe II no tiene precio, y el atardecer llega elegantemente, consiguiendo tranquilizarnos a todos. El glamour veraniego gaditano (distinto a todos) nos envuelve. El perfil de los seguidores de la Sonora es como mínimo de cuarenta, pero lo llevamos muy requetebién. Nos sentamos ya en las butacas de plástico y aluminio sobre la cuidada hierba del patio de Santa Catalina. La fachada de la iglesia (Real Capilla es su título) refuerza con su luz el protagonismo del escenario para los artistas. Pepe Guillamó, su director, presenta el concierto. Estos hombres ponen el vello de punta con solo comenzar con sus acordes. He decidido adoptar esta música, porque resume muchas décadas nuestras y ajenas, pero ya es eterna y sobre todo optimista. La Sonora es la leche.

Hora y media de concierto, consigue hacernos olvidar todo lo superfluo; tengo al lado a mi marido, y eso es inolvidable. Noche con poco viento de suroeste, una suerte en Cádiz, pero llevamos la rebequita veraniega. De la barra traemos unas Cruzcampo fresquitas en vasos de plástico, riquísimas, y unas patatas fritas artesanas, que saben a gloria. A pocos metros, los ciudadanos caleteros autóctonos están disfrutando de la noche en su club; los turistas y veraneantes apuran las papas aliñás y la ración del frito variado. Del mar no te sirven ración, tienes que sentirlo entero.

Y la Sonora nos hizo modernos, románticos y felices durante más de hora y media de una música natural y sin afectación, pero con un loco encanto. En esta ocasión echamos de menos a O’Ferral, el cantante presentador de los conciertos de la Sonora, y a Rosa María Candón, que pone el toque exquisito con su preciosa voz. El próximo 28 de agosto, un nuevo concierto de esta formación musical, junto a su homóloga de Granada, mostrará un motivo más de orgullo para Cádiz: tener una orquesta como la Sonora Big Band.

domingo, 5 de julio de 2009

Música en la cocina

Esta radio tan vulgar, con los ositos encima, la compré en unas rebajas hace cinco o seis años. Y desde entonces me acompaña en la cocina. Los informativos tempraneros son indispensables por la mañana mientras hago el desayuno. Pero por las tardes, que es cuando ejerzo mi jornada cocinera, este aparatito me trae mi música favorita.

Quitando los villancicos navideños, las sevillanas de feria y los coros del carnaval gaditano, mi fondo musical favorito es el de la maravillosa interpretación de la Sonora Big Band, una orquesta gaditana formada por 17 músicos, con un repertorio en constante renovación, dedicado al jazz, a la música contemporánea y sobre todo al swing. Junto con la Big Band de Granada, constituyen las dos únicas formaciones musicales de este tipo en Andalucía. La Sonora Big Band de Cádiz es un grupo abierto, en el que entran y salen profesionales constantemente, que luego tocan por todo el mundo, y que siguen perteneciendo a la Asociación.

La Sonora, nacida hace unos doce años, es una entidad sin ánimo de lucro donde sus componentes aman la música por encima de todo, y eso nos lo transmiten en todos sus conciertos y en sus escasas grabaciones. Ellos se ganan la vida como profesores del Conservatorio, con otras bandas o incluso acompañando a artistas en sus giras. De ahí la dificultad de montar un concierto, ya que hay que buscar tiempo para los ensayos tras montar los arreglos.

Tengo recuerdos de los conciertos vividos con la Sonora desde que la descubrí. Concretamente, su actuación con motivo de su décimo cumpleaños como orquesta, en el Teatro Falla, en diciembre de 2007, en donde intervinieron cantaores flamencos (Galvez y Palomar), cantautores (Javier Ruibal y Alejo Martínez) y al piano nuestro gran Chano Domínguez. Pero tampoco he olvidado sus versiones de temas de grandes películas clásicas, ni sus interpretaciones de swing de los años 40-50, un gustazo para los sentidos. Y en el recuerdo, los cantantes que han acompañado a la Sonora, Jose María O`Ferral (un pequeño Frank Sinatra), y la dulce voz de Rosa María Candón. La Sonora puede tocar de todo.

He hablado de una de mis principales aficiones, la música. Y creo que en la cocina es imprescindible, porque a veces la rutina de los sofritos se hace insufrible, y un buen fondo musical te consigue transportar, elevando la categoría de lo que estás haciendo, entonces una empieza a cantar y la cocina se hace grande, inmensa, más luminosa, casi espiritual. Ya hablaré otro día de mis músicos favoritos, que son muchos….el caso es que si no fuera por el apoyo musical, una servidora no aguantaría ni medio guisoteo.

Sonora Big Band

http://www.youtube.com/watch?v=x740POzRkX0&hl=es

jueves, 2 de julio de 2009

Gazpacho de cerezas

Ingredientes: 1/k de cerezas, una docena de frambuesas (u otra fruta del bosque), dos rodajitas de pan, un ajito, sal, ½ vaso de aceite de oliva de 0,4 º, un chorrito de vinagre de Módena y agua (opcional) o cubitos de hielo.

Se deshuesan las cerezas, y se van añadiendo el ajito picado, la sal, el aceite, el vinagre y el agua o los hielos y el pan. Se bate todo muy bien. Queda un gazpacho muy fino. Puede servirse en copa con un langostino cocido sobre el borde.
Esta receta me la facilitó mi pescadero favorito, Paco Pepe. Está riquísimo. Nos encantó sabor y aroma.

Tras la pista del atún en Barbate

El pasado sábado visitamos de nuevo la localidad de Barbate, con el lógico interés gastronómico, bajo el lema Visitas de Comé (organizado por Cosas de Comé y Compuertas Parque Natural). Los objetivos: el Centro de Interpretación del Atún, conocer desde una embarcación la costa barbateña y la zona de colocación de la almadraba, degustar diversas elaboraciones del túnido y conocer las técnicas chocolateras cultivadas en la localidad. Todo eso fue posible, y con buena nota. (bueno, yo además me quemé hombros y brazos, cosa que ya tengo adelantada para el verano).

El Centro de Interpretación te ilustra de todo lo que era y es la almadraba: historia, técnicas, labores, organización y destino de capturas. Pero lo que más me llamó la atención fue la bandera de la almadraba, un símbolo náutico universalmente conocido, que señaliza la existencia de las labores almadraberas en una determinada zona de costa. Y además estaba hecha a mano.
El barco, de nombre Francisco Varo, un antiguo almadrabero reconvertido en embarcación de recreo, nos llevó al entorno de la almadraba, rumbo a Los Caños de Meca, por el litoral del Parque Natural de La Breña y Marismas de Barbate, disfrutando de las vistas de los acantilados, la Torre del Tajo y la playa de La Hierbabuena. Pudimos contemplar el magnífico faro de Trafalgar que tantos recuerdos tiene para mi familia. El viento, de suroeste, nos permitió un paseo agradable, sin mar de fondo. (Yo, por si acaso, masticando chicle de biodramina toda la travesía).

Ya en el Restaurante El Campero, con ritmo regular y profesional en el servicio de platos, disfrutamos de los diversos sabores y preparaciones del atún (trece en total), ante nuestras miradas atónitas, pues cada una superaba a la otra. Ahí va la secuencia temática atunera: Butifarra de atún (atún y especias), Surtido de almadraba en aceite (huevas de atún rojo en aceite de oliva, Mojama en aceite, Mormo cocido (zona del atún muy jugosa), sarda en salazón (otra especie de atún), atún en escabeche casero y atún ahumado en lonchas; lasaña fría de atún (riquísima), brochetitas de atún en tempura, Morrillo de atún a la plancha, atún encebollao (el clásico), galete estofado y crema de boniato (zona especial del atún), y medallones de atún en salsa de piñones de La Breña. Los vinos: blanco Gadir de la bodega Osborne y tinto finca Moncloa de Gonzalez Byass.

Además, socialmente el almuerzo fue de lo más agradable: conocimos a vecinos de Cádiz y a un enólogo profesional, Manuel Cobo, con el que aprendimos cosas muy interesantes. (Ahora los vecinos se conocen fuera de las casas, en bodas, catas y degustaciones de atún…)

Al salir de El Campero, con la carta dedicada por Pepe Melero como recuerdo, nos dirigimos a la pastelería Tres Martínez –el local que tienen junto a la playa-, donde Pepi Martínez, como gran maestra chocolatera nos ilustró sobre la manipulación del cacao, sus orígenes, su historia, sus resultados, en suma su cultura. Su exposición mereció un aplauso de los asistentes, producto de la admiración general por su esfuerzo y trabajo por crear en esta zona toda una exquisita cultura chocolatera. Sus pasteles y bombones de atún, los recomiendo.

martes, 30 de junio de 2009

Los lunes, lentejas

Como alguien definió –o al menos creo haberlo leído en cierta ocasión- a la felicidad como la continuidad de la rutina, estuve googleando en busca del autor de esta afortunada sentencia, pero solo encontré las frases excluyentes, es decir, que la rutina es precisamente la enemiga de la felicidad. Pues no estoy de acuerdo; partiendo de que ayer fue lunes, y de que en casa volvimos a comer el correspondiente plato de lentejas, tal como venimos haciendo hace muchos años.

Estas legumbres recurrentes para el primer día de la semana, esperadas por ello en nuestra mesa al volver del trabajo tras el fin de semana, casi siempre con el mismo sabor y el repetitivo aspecto, son la prueba evidente de que seguimos siendo los mismos, de que continuamos teniendo apetito tras una jornada más o menos dura y de que seguimos creyendo en nuestras propias ideas a pesar de las agresiones externas, de las mentiras que nos rodean y de las estupideces en las que a veces participamos.

Las lentejas, inamovibles, humildes y altaneras, son el término medio de la calidad de vida humana: no valen las opulencias, pero tampoco se admite la indignidad del hambre y la pobreza. El plato de lentejas nos recuerda que debemos dejar de lado las tonterías a las que a veces nos vemos obligados a seguir, las soberbias que quieren atraernos y las muchas mezquindades para con los demás. Las lentejas son la medida de nosotros mismos, sin aditivos, colorantes, ni conservantes.

Lentejas con denominación de origen, con el mejor aceite de oliva, tomate frito autóctono, chorizo artesano, y no sé cuantas pamplinas más, no dejan de ser las mismas lentejas de toda la vida, de las que hablaron, hablan y hablarán todos los hombres, mujeres y niños, cocineros o no. Las lentejas nos devuelven a la realidad más realista, gestionada en estado puro en la oficina de nuestro estómago, como decía Don Quijote. A ellas tenemos que aferrarnos para no perder el poco espíritu casero que nos queda para luchar contra los molinos de viento.

Quiero para siempre en mis lunes la rutina de las lentejas, y en ellas recordaré –para nuestra vergüenza- que ni siquiera un plato tan básico existe en muchos millones de mesas del mundo. Por eso aquí nos traerá un recuerdo solidario y compartido de otras mesas, y sobre todo, nos apremiará a trabajar durante la semana que comienza, a agradecer lo que tenemos y a valorar el dulce momento de reponer nutrientes. Mis días o mejor dicho mis semanas, se miden por platos de lentejas en el almanaque. Nosotros con una cacerola de lentejas y un poquito de pan hemos sido felices, por suerte, un lunes más.



Hoy hace 75 años (29 de junio)

Encontré esta noticia en las efemérides del Diario de Cádiz. Tal día como el 29 de junio de 1934, se produjo en esta ciudad una “tremenda explosión del almacén de cereales de González de Peredo”. “Todos creyeron que se trataba de una bomba” decía la noticia. Esta pequeña columna conmemorativa de sucesos pasados y publicados, me traía recuerdos y entonces pregunté a una superviviente: mi tía.

Las naves almacenes de cereales González de Peredo estaban situadas en la gaditana calle Argantonio, pero la entrada de carruajes daba a la de Corneta Soto Guerrero (entonces llamada de la Manzana); y en medio de esa vía pública quedó abatida la enorme puerta, arrancada de cuajo a causa de la explosión, permitiendo rescatar a los obreros que estaban trabajando en el interior del almacén a las 10,30 de aquella mañana del 29 de junio.

Por razones desconocidas, el material dedicado a la conservación de los garbanzos allí almacenados se inflamó y produjo un gran estallido seguido de un terrible incendio. El obrero que dice la noticia salió envuelto en llamas era mi tío abuelo, Félix Barrios González, nacido en Cerrazo, término de Torrelavega, Santander, y domiciliado en la Plaza de las Viudas; éste, a consecuencia de las heridas recibidas, padeció graves úlceras en las extremidades inferiores con peligro de gangrena, sufriendo la amputación de ambas piernas. No volvió a trabajar nunca más. Mi tía recuerda aún las curas extremadamente dolorosas a la que tenía que someterse.

Los otros dos obreros, se llamaban Fernando Candanero (que murió al poco tiempo) y el tercero en salir como pudo fue mi abuelo, Francisco Barrios González, hermano del primero, domiciliado en la calle Juan Fernández Camacho. A consecuencia del humo tóxico inhalado, éste quedó con los pulmones muy dañados. Era entonces uno de los hombres de confianza de la dirección. Murió, un día de la Virgen del Carmen (16 de julio), suponemos que dos o tres años después, a causa de la complicación de una neumonía.

Me cuentan que mi abuelo, tras el accidente, siguió trabajando, aunque ya su extraordinaria salud y vigor mermaron considerablemente, pues pasaba temporadas de asfixia e incapacidad. Pero tenía claro que amaba su trabajo por encima de todo. Mi abuelo Francisco –Quico como le llamaban en casa, o -Don Francisco según el vecindario- fue un enamorado de su trabajo, y un empleado fiel hasta las últimas consecuencias. Mi padre, su hijo, también recibió este don como herencia. Hoy ninguno está con nosotros, pero mis hermanos y yo siempre tuvimos claro que de ellos tenemos las ganas de pelearnos en el tajo cada mañana. Hoy quiero completar esta noticia casi olvidada con estos comentarios familiares para que así perviva en la red.

domingo, 28 de junio de 2009

Garbanzos aliñados

Ingredientes: 100 g. de garbanzos (un puñado por persona), 2 tomates, 1 pimiento verde,1 cebolleta, dos huevos duros, varias lonchas de jamón, sal, vinagre y aceite, dos zanahorias, 1 hoja de laurel y un puerro.

Los garbanzos se dejan en remojo la noche anterior. Al día siguiente se cuecen con sal, dos zanahorias, la hoja de laurel, un puerro y algo de aceite. Con algo más de una hora estarán tiernos. Hacemos los huevos duros.

Los garbanzos se escurren y se sacan sin la verdura; en una fuente alargada vamos colocando por el borde las lonchas de jamón y el huevo duro troceado. Por último aliñamos los garbanzos con el pimiento, los dos tomates (de ensalada), la cebolleta, la sal, el vinagre y un buen chorreón de aceite. Al día siguiente estarán geniales. Nosotros ya los hemos probado y los recomendamos, porque van directamente de la nevera a la mesa, y van perfectamente con un buen gazpacho de entrante.

Platos de verano y platos de invierno

Demasiado calor cuando llegas a la mesa al mediodía durante estos meses. Casi se te quita el apetito. Este tiempo acaba incluso con la buena voluntad del cocinero familiar, que por otro lado lucha por mantener la dieta más decente posible. Y es que ahora pucheros y potajes parecen fuera de lugar, de ahí que los paquetes de legumbres se condenen al rincón de los muebles de cocina. Y los gazpachos y aliños se convierten entonces en los auténticos protagonistas de la mesa, al fin y al cabo, prácticamente todos los productos son compatibles con un consumo en frío, acompañados de un buen aceite de oliva virgen.

Pero los meses estivales, al menos en las grandes ciudades del interior, llevan otra dificultad añadida en lo que a la cocina se refiere: el cierre por vacaciones de las pequeñas tiendas, o en el mejor de los casos, la apertura solo en horario de mañana. En resumen, cocinar en verano en las ciudades se vuelve muy complicado: fatiga del cocinero, falta de proveedores disponibles, corta duración en los productos a consecuencia de las temperaturas, y para rematar, menor apetito de los comensales. Lo ideal es irse cuanto antes de vacaciones y cambiar de aires, porque llevar trabajo y cocina por delante con el calor requiere algo más que buena voluntad y disciplina.

Todo esto me ha servido para llamar la atención sobre las ventajas del aliño de las legumbres, que siendo productos tradicionales de invierno permiten, en frío, contar con excelentes nutrientes pero sin añadir más temperatura de la normal; son platos que se elaboran el día antes y al otro ya han mejorado de sabor y textura. Los recomiendo.